Esteban Guerrieri logró en Iowa su tercera victoria de la temporada de IndyLights y alcanzó así su misma cantidad de éxitos de 2011, su primer año en la categoría. A diferencia del año pasado, su segunda temporada en EE.UU. lo muestra en otro nivel de maduración deportiva. Quizás por la distancia, quizás por el idioma, o sólo porque nuestro automovilismo y sus temas eclipsa lo que pasa afuera, nos cuesta entender el valor de lo que Guerrieri está haciendo en las pistas norteamericanas.
Que la categoría tenga pocos autos, entre 15 y 20 según la carrera, no tiene que ser un condicionante para medir la calidad. Incluso a diferencia del año pasado, en 2012 es más competitiva aún. En su primer año, Guerrieri tuvo que luchar sólo con Josef Newgarden, ambos dentro del mismo equipo Sam Schmidt Motorsport. Este año, además de luchar con Tristan Vautier, uno de sus compañeros de equipo nuevamente, hay otros pilotos con autos muy rápidos y buena experiencia como Sebastián Saavedra y Carlos Muñoz, o el propio Gustavo Yacaman, que ya ganó una carrera y está cuarto en la tabla detrás de Guerrieri, Vautier y Saavedra.
Pero lo que se está empezando a llamar mucho la atención de Guerrieri, no solo en los equipos de IndyCar, sino también en la prensa especializada, y formadora de opinión, es su carisma, su mente fría y efectividad.
Cuando al comienzo del año no logró hacer las esperadas Pole Position del 2011, fue tercero, segundo y primero en las primeras tres carreras, y después ganó Indianápolis largando último, y pasando autos implacablemente por afuera, generando sorpresa en todos quienes miraban.
Sin embargo, aunque no fueron rutilantes, los resultados que obtuvo en Detriot y Milwaukee, fueron claras muestras de serenidad en momentos complicados. En el callejero clasificó bien pero su auto no tenía ritmo y cayó hasta el octavo puesto indefenso por completo. Apareció un Pace Car y decidió entrar en boxes a cambiar sus gomas, volvió a la pista para no perder la vuelta y en la siguiente volvió a entrar y cambió valores de amortiguador para aprovechar mejor ese nuevo set de neumáticos. Regresó a la pista último, 12do. y al relanzarse la carrera, empezó a avanzar hasta el sexto puesto, cuando se quedó sin gomas, aunque ya había logrado su cometido, meterse entre Vautier y Saavedra, sus rivales de campeonato. Misión cumplida.
En Milwaukee fue peor todavía. El auto, por alguna razón propia o ajena, no tenía un bue setup, y clasificó mal, sexto. Hacía calor y las gomas no soportarían el esfuerzo de una carrera rápida. Esteban supo esperar su momento, fue quinto desde la primera vuelta, y en el último cuarto de carrera, pudo alcanzar y pasar a Muñoz y Carbone, pasarlos y terminar tercero, nuevamente pegado a sus dos rivales de campeonato. Con menos auto, “sacó agua de las piedras”, y fue efectivo, sin errores, con la mirada en el objetivo final: el título.
En Iowa Vautier estaba otra vez adelante pero por la mínima diferencia. Guerrieri lo corrió desde el inicio, y sabiendo que el tráfico sería complicado, esperó su momento para atacarlo. No hizo falta demasiado tiempo, porque a la primera oportunidad, buscó pasar al francés y éste lo bloqueó. La sanción de los Comisarios Deportivos fue inmediata, y el camino se liberó para la victoria de Guerreri, que de todas maneras tuvo que resistir el ataque final de Gustavo Yacaman, tras un incómodo Pace Car que les dio bandera verde a tres giros del final.
La efectividad quedó más asentada que nunca antes. Pero si algo llama siempre la atención de los norteamericanos, es el personaje, el carisma. Y Esteban Guerrieri, que empezó casi como un juego con su ametralladora virtual como modo de festejar las victorias, sin saberlo llamó tanto la atención que ahora la prensa empieza a destacarlo también por eso.
Tras ganar en Iowa, varios medios gráficos hicieron mención a su modo de celebrar los triunfos con algo “políticamente incorrecto” como es ametrallar a todos parado sobre el monocasco de su auto, pero sumamente atractivo. Así como Helio Castro Neves cuando gana, se trepa a los alambrados como “Spiderman” y todos están pendientes de ese momento, Guerrieri genera atención en el país de los Cowboys por hacerlo con su propio estilo.
Los medios hablan de él y dicen que ya está preparado para IndyCar. Los americanos adoptan extranjeros con facilidad, especialmente si llaman su atención como personaje además de deportista. ¿Será el camino?
viernes, 29 de junio de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
EL MOMENTO DE GUERRIERI
La demostración de madurez de Esteban Guerrieri, que han sido en las tres carreras que se llevan corridas del campeonato de IndyLights, vale más que los apenas tres puntos que lo separan de Sebastián Saavedra en la tabla de posiciones, e incluso más que la victoria misma del domingo en Long Beach.
Mientras los demás pilotos hacían ensayos de pretemporada, el argentino estaba en Buenos Aires sin saber siquiera si podría correr.
Y apenas una semana antes de St. Petersburgo todo se resolvió y viajó para una prueba única en Barber Motorsport, antes de comenzar el campeonato. Aunque tenía la información, ahí se enteró cómo era ña nueva goma para éste año, de aparente mayor degradación a la que él conocía de 2011. La experiencia acumulada con Tim Neff, su ingeniero del año pasado que nuevamente tiene en el equipo de Sam Schmidt Motorsport, lo llevaron a ser cauto en las primeras carreras.
Guerreri pudo tomar más riesgos para pasar a Tristan Vautier en St. Pete, pero eligió asegurar los buenos puntos de ser segundo a perderlo todo por pasar a su joven y ultra veloz compañero de equipo francés. Todavía no lo conocía, no sabía cómo respondería a un ataque rueda a rueda. En un callejero, intentar una maniobra ajustada con un rival de poca experiencia con el auto y del cuál no conoces siquiera su estilo para pelear una maniobra, es asumir un riesgo demasiado alto. Es cierto que en la primera parte de la carrera fue conservador con los neumáticos, pero todavía no tenían una sola referencia de su desgaste tras una carrera completa.
Ahí empezó a notar que se caía el rendimiento pero quizás luego se estabilizaba. En Barber, el único autódromo convencional del calendario, no pudo usar su último juego de neumáticos en clasificación y quedó cuarto. No desesperó. Nuevamente salió a correr conservando caucho para la segunda mitad de carrera, y cuando empezó a apretar, pasó a Carlos Muñoz por el tercer lugar y se fue descontando un segundo por vuelta sobre Vautier y Saavedra. Un Pace Car los juntó a pocas vueltas del final y su ataque era evidente, pero otro accidente volvió a neutralizar la carrera hasta el final y se quedó con las manos atadas, aunque con otro valioso podio, ésta vez, tercero.
¿Qué se esperaba más de Guerrieri en esas dos carreras? Si, naturalmente, porque no sólo no ganó, sino que tampoco hizo la Pole Position en ninguna de ellas. Pero las circunstancias a veces no permiten que alguien ponga el 100% y eso le ocurrió. Como dijo después de ganar en Long Beach, hasta que “no sintiera el auto bien abajo, en el culo, no podía ir al límite”.
Eso es madurez. En Long Beach se vivía un clima especial. Ya con referencias claras de la goma, Esteban sabía que podía apretar más, ya sabía que los dos grandes rivales son Vautier y Saavedra, y el primero, dentro del equipo, como ocurrió con Josef Newgarden en 2011. Pero como Long Beach es la última carrera de IndyLights antes de Indianápolis, también era especial por eso. Sam Schmidt anunció que tiene un segundo auto para Indy 500 el 27 de mayo, y que parte del patrocinio está también. Sin ponerlo en palabras, Esteban sabía que una demostración de fortaleza y contundencia podía ser clave para defender sus posibilidades de correr ese Dallara DW12 número 99 en las míticas 500 Millas de IndyCar. Al menos lo que él tenía que hacer era eso, después si el dinero aparece o no aparece, ya escapaba de sus manos.
Empezó perdiendo la única tanda del viernes asentando piñon y corona al comienzo e imposibilitado de girar luego por un aguacero que detuvo la actividad por el resto del día. El sábado, con sólo una tanda para entrenar antes de la clasificación, salió a ver cómo estaba “la chueca”. Hizo un cambio, y al volver a pista intentó un stint largo, de más de cinco vueltas. En cada una iba más adentro en las frenadas, y aceleraba antes a la salida de las curvas. Venía rápido aunque indócil y al tocar fuerte un fleje que apenas rozaba en las vueltas anteriores, y que se usa de piano interno para una zona muy ancha, perdió la cola, contravolanteó y salió contra las gomas de protección. Fin de la tanda, y a clasificar crudo.
La procesión iba por dentro. Pero en clasificación no se notó para nada. Porque a mitad de la tanda desplazó a Saavedra de la Pole y se instaló en el primer lugar con cierta claridad. Al final de la tanda, su joven compañero Vautier, salió a romper los relojes y lo logró, pero rompió también el auto contra la pared, justo delante de Guerrieri, que tuvo que abortar la vuelta de defensa del “uno” que acababa de perder en manos del francés. Vautier, sabiendo que si provocaba una bandera roja o amarilla en toda la pista, perdería esa Pole que había obtenido antes del accidente, quiso seguir a boxes todo roto.
Quedaba un minuto, Guerrieri ya no podía abrir vuelta, pero Saavedra lo hizo justo, con menos de 20 segundos para la bandera a cuadros, y les arrebató el primer lugar. Vautier fue sancionado y Guerrieri recuperó un sitio en la primera fila de largada para la final. Entonces vino el trabajo de cirugía que Guerrieri y Neff habían planeado. Eligieron correr con baja carga aerodinámica para poder pasar a Saavedra y contenerlo en la recta principal, a riesgo de gastar más las gomas traseras, que ya habían conocido un poco más.
El plan fue perfecto porque Guerrieri arriesgó todo en la curva uno para quedar delante del colombiano y lo hizo. Entonces comenzó a construir una diferencia que llegó a los 3”2/10 antes que un Pace Car los volviera a juntar. Nueva demostración de aplomo del argentino. Reiniciar con menos carga aerodinámica tenía un riesgo en sí mismo. Las gomas no calentarían tan rápido por falta de apoyo contra el piso. Había que ser cuidadoso para que Saavedra no pudiera tener siquiera posibilidades de intentarlo. Y salió bien.
Rápidamente Guerrieri le hizo un segundo en la primera vuelta, y desde esa distancia, lo dejó venir sin cometer errores. Ambos marcaron récord de vuelta, y la distancia fue varias veces de 6/10 a 9/10. Hasta que a cuatro vueltas del final, Saavedra, ya sin gomas y con poca carga por estar demasiado cerca de Guerrieri, cometió un error y perdió 8/10 juntas. Ahí Guerrieri, frío como un témpano, aceleró y llevó esa distancia a 1”3/10, 1” 7/10, 1” 8/10 Y 1”9/10. Remató la carrera y se llevó la victoria. Saavedra lidera el campeonato por 2 puntos sobre Vautier y 3 sobre el argentino.
Los tres son rápidos, y están en distintas situaciones. Saavedra viene de correr dos temporadas en IndyCar, o sea que tiene mucho feeling con la potencia y los óvalos. Vautier tiene muchísima velocidad, es el campeón de Star Mazda 2011 con cuatro victorias y Top 5 en todas las carreras del año, está subiendo un escalón y aunque conoce las pistas, está conociendo la potencia de IndyLights. Guerrieri tiene un año de experiencia en ésta misma categoría, con éste mismo auto, en estas mismas pistas.
Quienes lo vieron, dicen que en Long Beach, Guerrieri pasó más tiempo que nunca con su ingeniero, de hecho, ese tiempo era de abstracción completa para dedicarse al trabajo técnico y ni siquiera llevaba su teléfono móvil. Sabe que tiene dos grandes rivales y debe derrotarlos. La ilusión de Indy500 la tiene pero no parece desvelarlo. Su objetivo tiene que ser el título de IndyLights como máxima y completa prioridad, y parece mentalizado para ello.
Y apenas una semana antes de St. Petersburgo todo se resolvió y viajó para una prueba única en Barber Motorsport, antes de comenzar el campeonato. Aunque tenía la información, ahí se enteró cómo era ña nueva goma para éste año, de aparente mayor degradación a la que él conocía de 2011. La experiencia acumulada con Tim Neff, su ingeniero del año pasado que nuevamente tiene en el equipo de Sam Schmidt Motorsport, lo llevaron a ser cauto en las primeras carreras.
Guerreri pudo tomar más riesgos para pasar a Tristan Vautier en St. Pete, pero eligió asegurar los buenos puntos de ser segundo a perderlo todo por pasar a su joven y ultra veloz compañero de equipo francés. Todavía no lo conocía, no sabía cómo respondería a un ataque rueda a rueda. En un callejero, intentar una maniobra ajustada con un rival de poca experiencia con el auto y del cuál no conoces siquiera su estilo para pelear una maniobra, es asumir un riesgo demasiado alto. Es cierto que en la primera parte de la carrera fue conservador con los neumáticos, pero todavía no tenían una sola referencia de su desgaste tras una carrera completa.
Ahí empezó a notar que se caía el rendimiento pero quizás luego se estabilizaba. En Barber, el único autódromo convencional del calendario, no pudo usar su último juego de neumáticos en clasificación y quedó cuarto. No desesperó. Nuevamente salió a correr conservando caucho para la segunda mitad de carrera, y cuando empezó a apretar, pasó a Carlos Muñoz por el tercer lugar y se fue descontando un segundo por vuelta sobre Vautier y Saavedra. Un Pace Car los juntó a pocas vueltas del final y su ataque era evidente, pero otro accidente volvió a neutralizar la carrera hasta el final y se quedó con las manos atadas, aunque con otro valioso podio, ésta vez, tercero.
¿Qué se esperaba más de Guerrieri en esas dos carreras? Si, naturalmente, porque no sólo no ganó, sino que tampoco hizo la Pole Position en ninguna de ellas. Pero las circunstancias a veces no permiten que alguien ponga el 100% y eso le ocurrió. Como dijo después de ganar en Long Beach, hasta que “no sintiera el auto bien abajo, en el culo, no podía ir al límite”.
Eso es madurez. En Long Beach se vivía un clima especial. Ya con referencias claras de la goma, Esteban sabía que podía apretar más, ya sabía que los dos grandes rivales son Vautier y Saavedra, y el primero, dentro del equipo, como ocurrió con Josef Newgarden en 2011. Pero como Long Beach es la última carrera de IndyLights antes de Indianápolis, también era especial por eso. Sam Schmidt anunció que tiene un segundo auto para Indy 500 el 27 de mayo, y que parte del patrocinio está también. Sin ponerlo en palabras, Esteban sabía que una demostración de fortaleza y contundencia podía ser clave para defender sus posibilidades de correr ese Dallara DW12 número 99 en las míticas 500 Millas de IndyCar. Al menos lo que él tenía que hacer era eso, después si el dinero aparece o no aparece, ya escapaba de sus manos.
Empezó perdiendo la única tanda del viernes asentando piñon y corona al comienzo e imposibilitado de girar luego por un aguacero que detuvo la actividad por el resto del día. El sábado, con sólo una tanda para entrenar antes de la clasificación, salió a ver cómo estaba “la chueca”. Hizo un cambio, y al volver a pista intentó un stint largo, de más de cinco vueltas. En cada una iba más adentro en las frenadas, y aceleraba antes a la salida de las curvas. Venía rápido aunque indócil y al tocar fuerte un fleje que apenas rozaba en las vueltas anteriores, y que se usa de piano interno para una zona muy ancha, perdió la cola, contravolanteó y salió contra las gomas de protección. Fin de la tanda, y a clasificar crudo.
La procesión iba por dentro. Pero en clasificación no se notó para nada. Porque a mitad de la tanda desplazó a Saavedra de la Pole y se instaló en el primer lugar con cierta claridad. Al final de la tanda, su joven compañero Vautier, salió a romper los relojes y lo logró, pero rompió también el auto contra la pared, justo delante de Guerrieri, que tuvo que abortar la vuelta de defensa del “uno” que acababa de perder en manos del francés. Vautier, sabiendo que si provocaba una bandera roja o amarilla en toda la pista, perdería esa Pole que había obtenido antes del accidente, quiso seguir a boxes todo roto.
Quedaba un minuto, Guerrieri ya no podía abrir vuelta, pero Saavedra lo hizo justo, con menos de 20 segundos para la bandera a cuadros, y les arrebató el primer lugar. Vautier fue sancionado y Guerrieri recuperó un sitio en la primera fila de largada para la final. Entonces vino el trabajo de cirugía que Guerrieri y Neff habían planeado. Eligieron correr con baja carga aerodinámica para poder pasar a Saavedra y contenerlo en la recta principal, a riesgo de gastar más las gomas traseras, que ya habían conocido un poco más.
El plan fue perfecto porque Guerrieri arriesgó todo en la curva uno para quedar delante del colombiano y lo hizo. Entonces comenzó a construir una diferencia que llegó a los 3”2/10 antes que un Pace Car los volviera a juntar. Nueva demostración de aplomo del argentino. Reiniciar con menos carga aerodinámica tenía un riesgo en sí mismo. Las gomas no calentarían tan rápido por falta de apoyo contra el piso. Había que ser cuidadoso para que Saavedra no pudiera tener siquiera posibilidades de intentarlo. Y salió bien.
Rápidamente Guerrieri le hizo un segundo en la primera vuelta, y desde esa distancia, lo dejó venir sin cometer errores. Ambos marcaron récord de vuelta, y la distancia fue varias veces de 6/10 a 9/10. Hasta que a cuatro vueltas del final, Saavedra, ya sin gomas y con poca carga por estar demasiado cerca de Guerrieri, cometió un error y perdió 8/10 juntas. Ahí Guerrieri, frío como un témpano, aceleró y llevó esa distancia a 1”3/10, 1” 7/10, 1” 8/10 Y 1”9/10. Remató la carrera y se llevó la victoria. Saavedra lidera el campeonato por 2 puntos sobre Vautier y 3 sobre el argentino.
Los tres son rápidos, y están en distintas situaciones. Saavedra viene de correr dos temporadas en IndyCar, o sea que tiene mucho feeling con la potencia y los óvalos. Vautier tiene muchísima velocidad, es el campeón de Star Mazda 2011 con cuatro victorias y Top 5 en todas las carreras del año, está subiendo un escalón y aunque conoce las pistas, está conociendo la potencia de IndyLights. Guerrieri tiene un año de experiencia en ésta misma categoría, con éste mismo auto, en estas mismas pistas.
Quienes lo vieron, dicen que en Long Beach, Guerrieri pasó más tiempo que nunca con su ingeniero, de hecho, ese tiempo era de abstracción completa para dedicarse al trabajo técnico y ni siquiera llevaba su teléfono móvil. Sabe que tiene dos grandes rivales y debe derrotarlos. La ilusión de Indy500 la tiene pero no parece desvelarlo. Su objetivo tiene que ser el título de IndyLights como máxima y completa prioridad, y parece mentalizado para ello.
EL RETIRO DEL JP
Si algo destaca a Gustavo Lema, es su constante búsqueda de nuevos desafíos, y su apuesta siempre más alta que la anterior. De aquél humilde equipo que formó de apuro al regreso de Río Gallegos 2003, ante una intempestiva desvinculación de Juan Manuel Silva del equipo Alifraco Sport con el que había empezado el año, el JP inició un camino de crecimiento constante, y de cambios también.
Algunos salieron mejor que otros, de hecho algunos fueron cambios perjudiciales para el rumbo deportivo, pero siempre, sin excepción, a Lema no le tembló el pulso. Sólo para entender de qué estamos hablando. A pesar de tener a Silva, trajo a correr bajo su techo a Norberto Fontana, y a Guillermo Ortelli, y salió campeón con los tres y con tres marcas distintas. Cuando se fue Alberto Canapino, apostó a seguir con Guillermo Kissling, que hasta ese momento, y desde el comienzo del equipo, había sido el Director Deportivo.
Después, cuando tuvo un desacuerdo con Kissling no dudó en buscar el camino con Leo Monti, Rodolfo Di Meglio y con Ricardo Gliemmo, todo en el mismo semestre. Apostó también en su momento por tener a Marcos Di Palma, que duró poco y se fue. Volvió Canapino, incluso trayendo a Agustín como pilotos al equipo, junto a Ortelli y a otro consagrado, Christian Ledesma. El ciclo no fue exitoso, y de a uno, los tres se fueron, primero el chasista y su hijo, y a fin de año los otros dos pilotos.
No se achicó. Apostó a Gliemmo y Matías Rossi, y reclutó a Leonel Pernía. En el año, decidió dejar de usar los motores de Johnny Laboritto, el más exitoso preparador de los últimos años, y probó cinco motores diferentes. Ya hacía dos años que ya había asumido la responsabilidad de ser el equipo oficial Chevrolet de TC2000, y también había inaugurado el centro tecnológico JP Racing, probablemente el más importante edificio de equipo alguno en el automovilismo argentino en la actualidad.
Y si le faltaba algo, a finales de 2011, apostó por intentar devolver a Diego Aventín a la punta, justo cuando el “pumita” decidió que éste sería su último año como corredor. Como si no fuera suficiente, también le ofreció a Gastón Mazzacane, integrar el JP. Por fuera, el JP Las Toscas, el equipo de Lingeri y Agüero para Ledesma, el equipo de Ciantini, el auto nuevo para Pechito López. Sumó desafíos sin medir la dimensión de lo que estaba haciendo. Sabía, porque no es tonto, que estaba asumiendo más de lo conveniente, pero no se achicaba, eso es lo que se quiere reflejar al mencionar cada cosa que hizo Lema desde 2003 a 2012.
Sin embargo, un día se achicó. Fue el martes después de la carrera de Mendoza. Recibió un llamado y como un globo que se pincha, se desinfló irremediablemente. Sólo él sabrá qué fue lo que provocó en su interior, y quizás algún día lo cuente. Pero el hombre de acero, el que le ponía el pecho a las balas y seguía pelando, sintió que ya no tenía ganas de volver a empezar. Acaso haya sido porque no lo decidió él, y porque tenía una relación excelente con “su” piloto, Matías Rossi, y con “su” constructor/preparador/chasista, Ricardo Gliemmo.
Con ambos, compartió un crucero de placer cuando el TC decidió postergar el comienzo del campeonato. La relación es una amistad, como la que también tuvo y mantiene con otros que se han ido del JP como Fontana y Ortelli. La diferencia es que éste proyecto con ellos, en el año que el equipo cumplía diez temporadas corriendo en TC, era el que parecía más sólido. Rossi y Gliemmo son hace años, un “matrimonio” deportivo y técnico indestructible, absolutamente sólido, que funciona a la perfección.
Enterarse que se tenían que ir, fue como un puñal que no resistió, y se pinchó. Sintió que ya no podía, ni quería buscar otra vez, otro proyecto, otro desarrollo. Por qué recibió ese llamado es algo que se puede intentar adivinar. Había crecido mucho, había logrado crear desde su equipo, casi una industria. Fabricando autos de todas las marcas, asesorando a equipos, armando estructuras paralelas. Lema había alcanzado la cumbre de la montaña más alta que podía intentar escalar. Pero tener tantos compromisos que atender, genera la responsabilidad de hacerlo al nivel que estos esperan.
Es cierto que Lema siempre dijo que él no ofreció sus servicios, sino que lo habían venido a buscar. Pero como es el Turismo Carretera hoy, donde no hay margen para equivocarse porque te cambian y buscan al que está andando mejor, todos fueron a él porque querían lo mejor. Quizás todos esperaron que Lema levantara el teléfono y llamara, por decir nomás, a Alberto Canapino, y le dijera “vení, tráelo a Agustín, y tráelos a Josito y Marcos Di Palma que hacemos un nuevo JP todo arrecifeño”. ¿Suena loco, no? Pero perfectamente podría haber sido la nueva patriada de Lema, y hasta lógica por el momento de los mencionados.
Pero no, ésta vez. No tuvo la fuerza para hacerlo, y con lágrimas en los ojos, llamó uno a uno a sus mecánicos, les aseguró que seguirían teniendo trabajo todos, y les contó lo que sentía. En su discurso, que no busca polemizar, sino cerrar un ciclo eligiendo quedarse con lo bueno que tuvo, y que fue muchísimo, Lema decidió no contar ésta parte de la historia. Aunque algo que dijo fue muy sincero y representa la verdad más grande: “No tengo ganas de seguir en TC”.
Algunos salieron mejor que otros, de hecho algunos fueron cambios perjudiciales para el rumbo deportivo, pero siempre, sin excepción, a Lema no le tembló el pulso. Sólo para entender de qué estamos hablando. A pesar de tener a Silva, trajo a correr bajo su techo a Norberto Fontana, y a Guillermo Ortelli, y salió campeón con los tres y con tres marcas distintas. Cuando se fue Alberto Canapino, apostó a seguir con Guillermo Kissling, que hasta ese momento, y desde el comienzo del equipo, había sido el Director Deportivo.
Después, cuando tuvo un desacuerdo con Kissling no dudó en buscar el camino con Leo Monti, Rodolfo Di Meglio y con Ricardo Gliemmo, todo en el mismo semestre. Apostó también en su momento por tener a Marcos Di Palma, que duró poco y se fue. Volvió Canapino, incluso trayendo a Agustín como pilotos al equipo, junto a Ortelli y a otro consagrado, Christian Ledesma. El ciclo no fue exitoso, y de a uno, los tres se fueron, primero el chasista y su hijo, y a fin de año los otros dos pilotos.
No se achicó. Apostó a Gliemmo y Matías Rossi, y reclutó a Leonel Pernía. En el año, decidió dejar de usar los motores de Johnny Laboritto, el más exitoso preparador de los últimos años, y probó cinco motores diferentes. Ya hacía dos años que ya había asumido la responsabilidad de ser el equipo oficial Chevrolet de TC2000, y también había inaugurado el centro tecnológico JP Racing, probablemente el más importante edificio de equipo alguno en el automovilismo argentino en la actualidad.
Y si le faltaba algo, a finales de 2011, apostó por intentar devolver a Diego Aventín a la punta, justo cuando el “pumita” decidió que éste sería su último año como corredor. Como si no fuera suficiente, también le ofreció a Gastón Mazzacane, integrar el JP. Por fuera, el JP Las Toscas, el equipo de Lingeri y Agüero para Ledesma, el equipo de Ciantini, el auto nuevo para Pechito López. Sumó desafíos sin medir la dimensión de lo que estaba haciendo. Sabía, porque no es tonto, que estaba asumiendo más de lo conveniente, pero no se achicaba, eso es lo que se quiere reflejar al mencionar cada cosa que hizo Lema desde 2003 a 2012.
Sin embargo, un día se achicó. Fue el martes después de la carrera de Mendoza. Recibió un llamado y como un globo que se pincha, se desinfló irremediablemente. Sólo él sabrá qué fue lo que provocó en su interior, y quizás algún día lo cuente. Pero el hombre de acero, el que le ponía el pecho a las balas y seguía pelando, sintió que ya no tenía ganas de volver a empezar. Acaso haya sido porque no lo decidió él, y porque tenía una relación excelente con “su” piloto, Matías Rossi, y con “su” constructor/preparador/chasista, Ricardo Gliemmo.
Con ambos, compartió un crucero de placer cuando el TC decidió postergar el comienzo del campeonato. La relación es una amistad, como la que también tuvo y mantiene con otros que se han ido del JP como Fontana y Ortelli. La diferencia es que éste proyecto con ellos, en el año que el equipo cumplía diez temporadas corriendo en TC, era el que parecía más sólido. Rossi y Gliemmo son hace años, un “matrimonio” deportivo y técnico indestructible, absolutamente sólido, que funciona a la perfección.
Enterarse que se tenían que ir, fue como un puñal que no resistió, y se pinchó. Sintió que ya no podía, ni quería buscar otra vez, otro proyecto, otro desarrollo. Por qué recibió ese llamado es algo que se puede intentar adivinar. Había crecido mucho, había logrado crear desde su equipo, casi una industria. Fabricando autos de todas las marcas, asesorando a equipos, armando estructuras paralelas. Lema había alcanzado la cumbre de la montaña más alta que podía intentar escalar. Pero tener tantos compromisos que atender, genera la responsabilidad de hacerlo al nivel que estos esperan.
Es cierto que Lema siempre dijo que él no ofreció sus servicios, sino que lo habían venido a buscar. Pero como es el Turismo Carretera hoy, donde no hay margen para equivocarse porque te cambian y buscan al que está andando mejor, todos fueron a él porque querían lo mejor. Quizás todos esperaron que Lema levantara el teléfono y llamara, por decir nomás, a Alberto Canapino, y le dijera “vení, tráelo a Agustín, y tráelos a Josito y Marcos Di Palma que hacemos un nuevo JP todo arrecifeño”. ¿Suena loco, no? Pero perfectamente podría haber sido la nueva patriada de Lema, y hasta lógica por el momento de los mencionados.
Pero no, ésta vez. No tuvo la fuerza para hacerlo, y con lágrimas en los ojos, llamó uno a uno a sus mecánicos, les aseguró que seguirían teniendo trabajo todos, y les contó lo que sentía. En su discurso, que no busca polemizar, sino cerrar un ciclo eligiendo quedarse con lo bueno que tuvo, y que fue muchísimo, Lema decidió no contar ésta parte de la historia. Aunque algo que dijo fue muy sincero y representa la verdad más grande: “No tengo ganas de seguir en TC”.
jueves, 12 de abril de 2012
JUICIO ORAL Y PÚBLICO A MATÍAS ROSSI
Las maniobras defensivas son tan viejas como las carreras de autos. En la historia se han visto pilotos que por necesidad propia o de su equipo, han corrido mirando más para atrás que para adelante.
Las situaciones se pueden clasificar en dos tipos: aquel que no puede sostener el ritmo porque el auto no funciona al ritmo que la carrera impone y se aferran a la posición, o aquel que para cuidar a un compañero que va adelante y que los rivales no lo ataquen, se interpone a un ritmo más lento, intentando retener al grupo detrás suyo.
Lo que no ha pasado mucho en el automovilismo es ir lento para mantener el segundo puesto porque no conviene ganar y lo ideal es ser el primero después del vencedor.
Casualmente o no, esa parece ser la elección de Matías Rossi en las últimas dos carreras de Turismo Carretera. En Paraná simplemente levantó, se acomodó segundo y se mantuvo ahí. En Mendoza, fue en busca del segundo lugar pasando a Néstor Girolami en una maniobra que no fue fácil hacer, y después, cuando Mariano Werner se quedó y lo dejó primero, perdió el puesto con Girolami en la relargada después de un Pace Car que los llevó lento un par de giros.
¿Se habrán enfriado demasiado los neumáticos quizás? ¿Habrá cambiado el comportamiento después de ir lento durante ocho minutos? Puede ser. Rossi hizo lento el curvón 2 y al entrar en la recta opuesta, buscó la cuerda imaginando que Girolami, mejor armado, atacaría su posición. Al llegar a la frenada, Rossi también frenó antes, y pareció que estaba dejando entrar a Girolami cómodo por el externo, pero también se puede decir que lo que hizo fue frenar antes porque iba por la parte sucia de la pista, y sabía que si estiraba la frenada, se podía pasar y llevarse por delante al Torino.
Una vez instalado en el segundo puesto. Rossi se mantuvo diez vueltas, interrumpidas por dos Pace Car, atajando ataques de Spataro primero y de “Pechito” López después. Esas fueron las maniobras que generaron el “juicio oral y público” a Matías Rossi, que entre pilotos, jefes de equipo y aficionados apasionados en las redes sociales, dispararon todo tipo de acusaciones sobre él.
Rossi fue lento en la curva más lenta del circuito, la famosa horquilla donde fueron los toques detrás suyo, aprovechando que es casi imposible que alguien pudiera superarlo por fuera. No acelerar en el momento en que los demás lo intentan hacer porque el auto ya está ubicado en la salida de la curva, es un recurso muy frecuente, considerado despectivamente como una “maña”, que suele irritar a quién lo padece.
Rossi lo hizo, y tanto Spataro como López lo sufrieron. Después de abandonar, el primero dijo que “Matías venía ensuciando la carrera. Quizás yo debería haberme dado cuenta y tirarme a pasarlo. Pensé que estaba quedándose y elegí esperar sin riegos que se presentara la oportunidad para pasarlo. No me di cuenta que venía lento a propósito.”
Mucho más molesto, “Pechito” dijo que le daba “mucha bronca ver cómo Girolami y Rossi venían jugando con nosotros. No entiendo ni comparto esa forma de correr. Yo corro siempre para ganar. Así entiendo yo las carreras.”
¿De qué se lo puede acusar a Matías Rossi para pedir una sanción? ¿Barrió la pista? No. ¿Tocó a alguien? No. ¿Le clavó los frenos a alguien repentinamente? No.
Cuando Ayrton Senna lo volvió loco a Nigel Mansell yendo lo más despacio posible en las últimas tres vueltas de Mónaco 92, el mundo lo aplaudió de pié. En brasileño fue lento y por el medio, y el inglés, que tenía mucho más auto con ese maravilloso Williams Renault activo, no pudo pasarlo. Claro, Senna estaba defendiendo una victoria en las vueltas finales de Mónaco, nada menos, pero las maniobras fueron las mismas. Si vale hacerlo en las últimas vueltas de una carrera por la punta, ¿Por qué no vale hacerlo en el medio de una carrera por el segundo lugar?
La ley es siempre la misma. No importa en ésta discusión si son los reglamentos FIA de Fórmula Uno o las reglas ACTC del Turismo Carretera, porque el juicio a Rossi, es por hacer cosas que no le molestan a los Comisarios Deportivos, sino a los corredores. Lo que no les gustó fue que no corra para adelante, sino para atrás.
Si Rossi fue el segundo auto más rápido de las últimas tres clasificaciones del TC, siempre detrás de Girolami, no sería ilógico pensar que ahora pase a ser el más rápido, una vez que el Torino cargue los 30 kilos de lastre por ganar. Si Rossi sale a ganar y gana en Trelew, habrá trazado un plan perfecto. Si no consigue ganar por alguna circunstancia, tendrá el mismo potencial para las siguientes carreras.
¿Molesta? Si, molesta, claro. Y ese quizás sea el efecto colateral que pueda sufrir Rossi cuando, con kilos, pase a pelear en el medio del pelotón después que gane. Entonces, quizás, si le pasan factura, no podrá quejarse…
lunes, 9 de abril de 2012
¿POR QUÉ AHORA SÍ GANÓ GIROLAMI?
Pasaron tres carreras de Turismo Carretera, y como si el destino hubiera querido poner el ejemplo más claro que nunca, sólo dos autos se destacaron en las tres. El Torino de Néstor Girolami y el Chevrolet de Matías Rossi. ¿Por qué? Intentemos entenderlo.
Si bien es cierto que ganaron Lionel Ugalde y Leonel Pernía, y es cierto también que muchos mostraron los dientes en alguna de las tres, el secreto para que sólo Rossi y Girolami siempre estuvieran ahí fue su frialdad y la de sus equipos, para no ganar.
La ecuación que combina puntos y kilos ya pasó tres temporadas completas de exámen, y aunque el discurso sea que “hay que ganar apenas sea posible”, la realidad es que aun siendo esto cierto, si el auto del que se dispone es sólido, rápido y estable, lo ideal es sumar la mayor cantidad de puntos posibles antes de cargar kilos. Al menos los suficientes puntos para no poner en riesgo la clasificación al Play off. Esa experiencia de tres años con el mismo sistema, indica que con 100 puntos se entra a la Copa de Oro. Entonces, si se tiene la herramienta competitiva que Rossi y Girolami comprobaron tener, una vez que se superan los 50 puntos, ya se le pueden echar 30 kilos a cambio de otros 20 puntos más, que los dejen cerca de 70. Ahí nomás de la clasificación. Sería catastrófico que no puedan sumar 30 puntos en siete carreras, cuando sumaron 70 en cuatro. ¿Se entiende?
Nadie dice que es fácil ganar en TC, ni mucho menos decidir cuándo ganar. Pero si pasan las carreras y el auto siempre está adelante, se puede improvisar el resultado durante la final misma. Lo importante es estar ahí arriba, para poder decidir qué hacer. Lo hizo Girolami en Mar de Ajó, dejando entrar por afuera a Ugalde en la largada misma, y lo volvió a hacer en Paraná.
Lo hizo Rossi en Paraná aduciendo problemas de temperatura que lo llevaron a levantar en medio de la final y apretar al final otra vez, y lo hizo nuevamente en Mendoza, cuando pasó a Girolami al comienzo para ser segundo, pero cuando Werner se quedó y se encontró en punta, misteriosamente entró mal en un curvón y cedió pasó a Girolami por afuera en la recta siguiente.
Después explicó que tenía una molesta ida de trompa en ese curvón 2, que le impedía salir rápido a la recta opuesta. Esa fue la situación por la que optó por un estilo molesto para sus rivales, aunque para nada cuestionable desde las leyes deportivas. Hizo lenta la horquilla de frenada de esa recta opuesta, y ocasionó algo tan viejo como las carreras de autos, que se compliquen los rivales detrás suyo y se eliminen entre sí.
De todos modos, cometió un desliz en la vuelta 20, cuando hizo bien rápido el curvón 2, en el que decía tener esa barrida de trompa, y salió muy cerca de Girolami como para atacarlo en el frenaje de la horquilla. Después de la carrera, el propio Girolami confirmó que en esa vuelta, su auto no tuvo ninguna dificultad y transitó los curvones como en todas las anteriores, sin embargo lo sorprendió que Rossi fuera tan rápido.
¿Qué quiso hacer Rossi con ese intento? Quizás quiso ver si era posible pasar al Torino como para ganar, pero cuando vio que no iba a resultarle sencillo porque Girolami, ésta vez, sí quería ganar, era mejor quedarse con el segundo lugar, dejar que el cordobés cargue los 30 kilos y deje de molestarlo adelante en las próximas carreras.
¿Suena Macchiavelica la historia, verdad? Pero no es descabellada. Para cargar kilos es necesario saber que lo que se perderá no será tanto como para no sumar los puntos necesarios. Como quedó escrito al comienzo, con un buen colchón de puntos, se puede ir por la victoria.
¿Y si a Rossi le va mal en Trelew y no puede ganar? Claro que es un riesgo, puede pasar, desde ya. Pero su auto sin kilos será competitivo en Termas o en Río Cuarto, o en alguna de las siguientes seis carreras. Es más probable que ello ocurra mientras no tenga kilos y el potencial que ya comprobó en tres pistas completamente distintas entre sí, en las que su Chevrolet siempre fue competitivo.
Las discusiones sobre el planteo de Rossi son de tono elevado, pero tanto él como Girolami hicieron lo que el reglamento los obliga a hacer para ser fuertes candidatos al título. ¿Por qué ganó Girolami antes que Rossi? Porque al hacer tres poles, tenía sies puntos más que Rossi. ¿Sáben cuántos puntos hay entre ser primero y segundo? Cuatro.
El año pasado, tanto Girolami como Rossi entraron justo a los Play Off. Rossi estaba 12mo. a dos carreras de terminar la etapa regular. Girolami entró sólo porque Mauro Giallombardo le cedió la victoria en la última vuelta de la última carrera.
Vale sólo una última reflexión, que le roba éste periodista a Matías Rossi, extraída de una webcam que hizo el piloto del JP Racing el sábado a la noche desde Mendoza. Ganar una carrera no sólo es complicado porque te carga 30 kilos, sino también porque te inhabilita a sumar más de 11 puntos en el resto de las finales, porque si vas al podio cargas 20 kilos por el segundo lugar y 10 por el tercero, y ahí sí, se termina de complicar el campeonato.
¿Ven que ya tienen todo medido estos muchachos?
Después vendrá la otra discusión. Las maniobras de Rossi para retener un puesto y la complicación al resto. Pero ese es otro tema, que quizás no se juzgue en el tráiler de los Comisarios Deportivos, sino en la pista entre ellos.
miércoles, 4 de abril de 2012
EL CALLEJERO Y LA IMPORTANCIA DEL MENSAJE
Pasaron un par de días, y como siempre, las cosas se ven desde una óptica más desapasionada, más cercana a esa objetividad que uno siempre busca en un análisis que sirva para algo más que sólo escribir unas líneas.
La carrera que el Súper TC2000 realizó en el centro de la ciudad de Buenos Aires fue mucho más que una carrera. Fue un evento y fue más que eso también. Fue un “Mega-evento” desde varios puntos de vista. Como proyecto, organización, coordinación, logística, infraestructura, pero también como cobertura periodística, como evento deportivo, y finalmente, como evento social masivo, que no es lo último que se menciona caprichosamente, sino adrede, porque es el gran punto que sobresale del resto.
Dicen que pasaron 1.000.000 de personas por el circuito entre sábado y domingo. Suena a mucho, casi inimaginablemente mucho, sobre todo si consideramos que para la largada del Rally Dakar de 2009 en Buenos Aires, se estimó de esa misma cantidad de gente pero diseminada en el largo trayecto que iba desde la Rural de Palermo hasta el Obelisco donde estaba la rampa de largada, y la continuación del circuito que los participantes recorrían por el centro hasta llegar a la autopista Ricchieri. No importa tanto el dato en realidad, porque si hubieran sido “solamente” 500.000 personas, igualmente habrá sido la carrera de autos que más público concentró en un único escenario en la historia de éste deporte en nuestro país.
Lo que en las dos semanas previas fue un caos de tránsito, que generó muchas quejas y oposición al evento, entre sábado y domingo prácticamente dejó de serlo. Es como si ante la magnitud de lo que estaba ocurriendo, todos se hubieran acomodado y entendido lo que significaba. Por supuesto que siempre estarán los que se paran en la vereda de enfrente, y sólo miran su dificultad para trasladarse como siempre por esas avenidas. Esa gente, durante el fin de semana no tuvo que pasar por la Av. 9 de Julio, entonces, por ese motivo, o porque comprendió lo que pasaba, dejó de hacerse oír.
Lo verdaderamente social del evento, fue ver a miles y miles de personas llegando en el subte o en colectivos urbanos con su familia, y comenzar a recorrer extasiados, el perímetro del circuito intentando encontrar el lugar que más les agrade para pasar el día, y esperar que el ruido empezara. Era una peregrinación lenta y alegre. Se respiraba un clima de gran expectativa por ver de qué se trataba eso de una carrera de autos en las calles de la capital del país, nada menos.
No era gente de automovilismo en su gran mayoría, y sólo citar algunas frases sirve para que comprendamos a quién verdaderamente llegó la carrera. Sábado al mediodía, entrenamientos:
“¿Che, cuál es el auto de Traverso?”
“Papi, quiero ver al Pato Silva, el que corrió en el Dakar, ¿Cuál es?”. – “Creo que corre con un Falcon.”
“Estos no deberían haber salido nunca de la ruta. No vés que no se pasan. Esas sí que eran carreras lindas. Mirá, nadie pasa a nadie!”
Domingo, día de carrera:
“Largan adelante Ledesma y Pechito López. Ledesma es el del azúcar. Está forrado en guita. Y López es el hijo de Cocho López, ¿Te acordas? Corría con un Datsun.”
“Otra vez el Toyota rojo ese. Tiene el número uno pero tiró humo todo el fin de semana.”
“Aguante el Torino, loco.” (ondeando una bandera)
El argentino es opinólogo. Tema que hay, tema del que dice saber. Es folklórico.
Pero esa muestra del desconocimiento que tenía la gente respecto a lo que estaba viendo, es la que nos tiene que mover a pensar en los mensajes que recibió. Porque quizás no sean muchos los que decidan ir a una carrera en un autódromo de hoy en adelante, pero sí es gente que hablará de automovilismo un poco más, que quizás prenderá el televisor cada tanto un domingo a la mañana, y sobretodo, que calificará bien a un deporte, éste deporte, que venía golpeado.
El accidente fatal de Guido Falaschi había sido el último mensaje masivo que el automovilismo argentino había dado a la sociedad, y naturalmente no fue bueno. Pero no sólo por la muerte en sí misma, que en un deporte de riesgo puede existir. El mensaje negativo que quedó en la gente fue malo porque mostró divisiones, acusaciones, mezquindades, mentiras, negociados, y tantas cosas, que lo único que hicieron fue dejar mal parado al deporte motor nacional ante los ojos de quienes no lo conocen.
Una cosa no tapa la otra, pero sí la contrapesa. Ni todo es tan maravilloso como se vio el domingo en el Obelisco, ni todo es tan trágico como se vio en Balcarce en noviembre pasado.
La carrera del Súper TC2000 en las calles porteñas mostró que, aún entre murallones y con un piso lleno de irregularidades naturales de una calle que transitan diariamente autos, camiones y colectivos, se puede hacer una pista segura, en la que los autos pasen a 245km/h. y si se despistan, sólo hay daños materiales.
De hecho, Agustín Calamari sufrió un toque en una curva de tercera, a unos 150km/h, y salió despedido contra los muros. El auto se dañó muchísimo, pero además perdió una rueda delantera, el eje trasero completo, el alerón, y tras rebotar, quedó detenido en medio de la pista. Los muros cedieron, se corrieron de lugar, como debe ser. Como no había público pegado a esos muros, nadie salió lastimado. La gente estaba ubicada detrás de una valla, separada del muro por cuatro metros de aire. El alambre estaba complementado por cinco líneas de cable de acero de ¾ pulgada. Esos tensores hubieran atajado alguno de los elementos que salieron despedidos del auto si hubieran ido en dirección al público. El auto volvió a la pista pero estaba a la vista de todos, no había tierra que impidiera la visión a quienes venían detrás, que no eran muchos, pero podían haber sido. Los banderilleros marcaron la dificultad, pero al venir entre paredes, es más difícil ver las señalizaciones. Sin embargo, los pilotos también tenían el sistema de señalización on board que los alertó del peligro.
El sábado, apenas 50 metros más adelante, había gente trepada a las placas de fenólico que se habían colocado para que no hubiera público en una zona peligrosa. Cuándo una persona de seguridad les pidió que se retiraran, lo insultaron y trataron de “botón”, pero se tuvieron que ir. Quienes presenciaron la situación y estuvieron al día siguiente también, viendo el accidente de Calamari, habrán entendido por qué se hacía prevención. El mensaje fue muy positivo.
Sin embargo, la gente quedó encantada con el evento, con el ruido de los motores V8 “que parecen un Fórmula Uno”, pero no estuvo cómoda. Muchos se quejaron de apenas ver los techos de los autos. Contra las vallas se llegaron a formar hasta diez filas de espectadores que estuvieron parados varias horas, sin siquiera poder moverse para ir a un baño, porque regresar sería imposible. Mucha gente tuvo que irse y conformarse con ver desde lejos o sólo escuchar. Eso pasó también, y hay que decirlo. Que sea entrada libre y gratuita no implica semejante incomodidad. Y decir que fue más gente de la esperada y los sobrepasó no es excusa, porque el propio Gobierno de la Ciudad, calculaba desde la semana previa, que irían más de 500.000 personas.
Pero ese mismo gobierno ya tomó nota, y prometió colocar tribunas para el público general. Las gradas que había armadas, eran para clientes de sponsors que las habían comprado para llevar a sus invitados. En algunos lugares hubo forcejeos y disturbios, y un par de tribunas fueron “tomadas” por gente que, al verlas vacías y no encontrar lugar para ver, exigía tener acceso a ellas. Como en todo evento de estas características, se aprende a partir de la experiencia.
Seguramente la próxima será mejor. Y además de tribunas, habrá mayor cantidad de puentes peatonales que permitan cruzar de un lado a otro del circuito, quizás se cierren las calles un día antes para evitar que la actividad se demore como el sábado, por más de cuatro horas para poder terminar de sellar el circuito, quizás se habiliten los subtes hasta las estaciones del propio circuito, o comuniquen mejor el modo de llegar a la pista para quienes, con cautela, elijan no ir en auto para evitar congestionamientos de tránsito, y seguramente habrá más acción en la pista, para que la gente no esté tantas horas esperando sin nada que ver.
Pero lo que queda del evento es positivo. La carrera fue casi una anécdota, lo que hubo fue una verdadera demostración del potencial del automovilismo, y eso posiciona al deporte mucho más arriba en la consideración de la gente. El mensaje fue positivo.
Como siempre, con un par de días de distancia, las cosas se ven más claras, y uno puede permitirse decir cosas que, dichas antes, hubieran sonado distinto. Ahora, queda mantener la guardia tan alta como estuvo. Es un compromiso. Cuándo se levanta la vara, el salto ya no puede ser más bajo. El nuevo standard es éste, y está bueno que así sea, pero hay que trabajar para sostenerlo ahí. El callejero de Santa Fe será una demostración de ello.
miércoles, 28 de marzo de 2012
UN CALLEJERO PERMITE COSAS ÚNICAS...
El fin de semana del 25 de marzo, el automovilismo mundial volvió a vivir carreras en las que los pilotos recuperaron el protagonismo que nunca deberían perder, pero que la tecnología de a poco fue reemplazando. Nadie puede oponerse a esto, porque la tecnología es la que nos permite vivir mejor en todos los aspectos de la vida, confort, seguridad, conexión, velocidad, medicina… Hasta la vida es más prolongada hoy, gracias a la tecnología y el avance científico.
Sin embargo, en éste mundo de las carreras de autos, el hombre perdió parte de su rol, de su protagonismo, y si bien, siempre hará esa pequeña diferencia con los demás que quizás le permita ganar, ya no es tan determinante como en otras épocas.
Fernando Alonso fue capaz de llevar a una Ferrari completamente falta de competitividad, a la victoria en el Gran Premio de Malasia, gracias a que la lluvia permitió que el hombre sea más importante que la máquina. Sergio Pérez a bordo de un modesto Sauber, paró a cambiar gomas en la primera vuelta del Gran Premio apostando a un incremento de la lluvia y cuando el resto pararon subió a una posición de posible podio, sólo porque hicieron una vuelta muy lenta mientras él se “avivaba”. Pero después se mantuvo ahí, y no sólo eso, conforme fue pasando la carrera, se fue encima de Alonso descontando casi un segundo por vuelta hasta que una orden por radio de “cuidar los puntos que necesitamos”, le puso fin a su persecución.
Pero lo notable había sido que en esa lucha por ver quién ganaba, ambos tenían las gomas destrozadas y sin embargo seguían en pista, sin renunciar, atajando el auto en cada curva rápida, apretando los dientes y pidiendo que no se rompa, que aguante una vuelta más, sintiendo las vibraciones en el volante, de unos neumáticos que ya no soportaban el esfuerzo. Ninguno quería parar, porque eso significaría perder el Gran Premio.
En Nascar, viendo que la lluvia se acercaba, Tony Stewart intentó engañar a Kyle Busch con una falsa entrada a boxes para cambiar gomas, y casi lo consigue. Se quería sacar de encima a su rival por si la carrera continuaba, sabiendo que sería superado. Busch alcanzó a darse cuenta y se quedó en la pista, y la lluvia terminó con una historia que definirían los hombres y su picardía.
En IndyCar fue distinto. Sólo Helio Castro Neves volvió a ganar después de dos años, y no fue un día más. Fue en el estreno de los autos y motores nuevos, en la primera carrera después de la trágica muerte de Dan Wheldon, y nada menos que en las calles de St. Petersburgo, la ciudad en la que Wheldon vivía con su mujer y sus dos pequeños hijos. Al ganar, el brasileño detuvo su auto frente a una de las gradas más grandes, para hacer su clásica ceremonia de trepar al alambrado para festejar con el público, sin notar que frente a sí, del otro lado de la pista, en el medio del tejido de protección, había un cartel que le daba nombre a esa recta, “Dan Wheldon Street”, decía ese cartel. Cuándo un oficial de pista le señaló a Helinho, ese cartel, éste no dudó un instante, corrió al otro lado de la pista, trepó hasta llegar a la altura de ese cartel y golpeándolo con el puño festejó al cielo, con su colega. Al bajar del alambre, aún con el casco puesto, rompió en llanto emocionado.
Entonces me pregunté, ¿No son éstas las cosas que me hicieron un apasionado del automovilismo? Si, Esa fue la respuesta. Porque cada vez que mis hijos me piden que les cuente alguna historia de las carreras, cuento éste tipo de cosas. Las que me permitan traspasarles algo de sentimientos, esos que nadie que no conozca de éste deporte, puede creer que no existe en el frío mundo de las carreras. No son autos corriéndose como locos y nada más. Detrás de un volante hay un ser humano que está desafiando constantemente los límites físicos y emocionales de un ser humano. Hay una barrera que a las personas comunes nos pone un freno automático. Es el miedo, o el instinto de preservación, como quiera llamarlo. Estos tipos, lo desafían constantemente. Y van y vuelven de ese desafío todo el tiempo. Eso no los transforma en súper hombres, sino en hombres distintos, y eso es lo que genera admiración hacia lo que hacen.
Cada vez que tuve la oportunidad de subir a un auto de carreras como acompañante lo hice. Salvo con Traverso, anduve con todos los grandes pilotos de ésta época moderna, mientras existieron los acompañantes. Cada experiencia me volvió a demostrar que son distintos. Que hacen con un volante y unos pedales, cosas que a los comunes hombres terrenales no nos salen.
Esta reflexión no es caprichosa, aparece hoy ante las carreras que se vieron ese domingo en el mundo y las que se vieron también en Argentina, porque Emanuel Moriatis hizo maniobras extraordinarias en la Clase 3 del TN, porque algo parecido pasó en la carrera de Top Race en Junin, y porque éste fin de semana, tendremos nosotros los apasionados y mucha gente que no tiene idea de qué se trata, de ver muy de cerca, lo que hacen estos tipos con un volante.
La carrera de Súper TC2000 en las calles de Buenos Aires, si todas las medidas de seguridad responden como se debe y cómo se ha calculado, será una fiesta. Habrá dos carreras previas que poco podrán aportar, porque son teloneras, casi exhibiciones.
Pero cuando se suban los talentosos a sus autos de STC2000, yo recomiendo buscar un buen lugar, una buena curva, y sentarse a disfrutar. Hay muchos que se oponen a los circuitos callejeros, porque no generan grandes maniobras, porque muchas veces sólo son trencitos de autos que no se pasan, y porque suelen ser de baja velocidad.
Me permito disentir. Un callejero es un doble desafío para un piloto. No sólo tiene que ir más rápido que el resto, sino evitar tocar las paredes, porque pueden significar el final. Un error ente muros, difícilmente no termine con un daño en la carrocería.
Pero si a eso le sumamos que el callejero de Buenos Aires será de alto promedio de velocidad, con cuatro rectas, tres de las cuales permitirán que se llegue a los 220km/h, dos “eses” a fondo, y una diagonal a 145° que intentarán lentificar un poco porque si no será a fondo también, permitirán que no sólo veamos autos pasando rápido, sino también esos pilotos que consiguen hacer la diferencia, que pasan un poco más rápido, en otro cambio, con otra forma de hacer la maniobra. Distintos. Quién consiga ver eso, se habrá transformado en un nuevo apasionado de las carreras, y eso sólo se puede apreciar en un callejero.
Hace poco, gracias a un amigo, vi un video de 1971, en el que Francois Cevert le preguntaba a Jackie Stewart, en qué cambio tenía que hacer las curvas de Loews y las dos derechas previas al túnel de Monaco, y Stewart le explicaba en código, hasta que se dio cuenta que alguien estaba escuchando y le dijo que guardara silencio, que era su secreto. Después en privado le explicó a su joven compañero de Tyrrell.
Eso es automovilismo puro, en esencia, y era en un callejero. Yo que ud. me voy buscando la manera de asegurarme un lugar en la entrada a Diagonal Norte. Va a ser fantástico.
lunes, 19 de marzo de 2012
Y LA ACTC PODRÁ TENER SU LOGO EN INDY500...
“Estoy acostumbrado a sufrir en las pretemporadas. De hecho, me ha pasado muchas veces que no hice pretemporada porque como no sabía en qué iba a correr, estaba únicamente con entrenamiento físico hasta pocos días antes de la primera carrera. Asique esto no es novedad para mí, pero debo reconocer que ésta vez sufrí más que nunca.”
Tanto insistió y buscó Esteban Guerrieri, que logró su cometido. No lo escuchó quizás quién él esperaba que lo hiciese, pero alguien lo hizo al fin, y el apoyo apareció.
No fue el gobierno nacional, no fue el Automóvil Club Argentino, pero sí fue la Asociación de Corredores Turismo Carretera. Y está muy bien que así haya sido, porque en definitiva fue uno de los entes que tiene acceso a empresas y hasta al mismísimo Estado Argentino.
Fue un llamado de Diego Aventín a Jorge Aidar, titular de Pistas Argentinas, y todo empezó a moverse. No quedaba tiempo, de hecho todo se hizo en 10 días. Contactaron a Guerrieri, por su intermedio a Sam Schmidt, y el engranaje empezó a moverse nuevamente.
Había un quinto auto de IndyLights para armar. Hay un segundo Dallara DW12-Honda que el equipo no tiene asignado para ningún piloto. Por ahora sólo Simón Pagenaud es piloto de IndyCar para el equipo Schmidt Motorsport.
El dinero para que Guerrieri corra toda la temporada en IndyLights con la misma herramienta que tuvo para ser subcampeón en 2011 fue el primer paso, y ya está asegurado. El presupuesto para correr con ese segundo auto de IndyCar en Indy500, es la meta que se han propuesto lograr. No hay mucho tiempo, pero sí hay entusiasmo, contactos y trabajo en marcha. Hay que juntar cerca de u$s 1.000.000, quizás un poco menos.
“Uno de los principales problemas que tenía antes, era la falta de un equipo de trabajo en Argentina para reunir el presupuesto y hacer gestiones. Ahora puedo decir que tengo el mejor equipo de trabajo”, dijo entusiasmado el argentino.
¿Es esto parte de Automovilismo Para Todos? No. No lo es, pero la empresa que lleva adelante el nuevo programa de televisación del TC y el TN en la TV Pública, es la que lo está respaldando. Por ahora, no es dinero del Estado el que se ha conseguido, sino de empresas privadas, como Pistas Argentinas, Río Uruguay Seguros o 3M, y de la ACTC. Pero el contacto con el Gobierno argentino es un hecho que no se puede desconocer, y quizás con gestiones encaradas desde otro lugar, hasta se pueda lograr lo que sólo, Esteban no podía yendo a golpear las puertas.
Que la ACTC haya visto la oportunidad y la haya tomado, va en línea con la realidad. Si, con la realidad. Porque aunque sea el Automóvil Club Argentino el representante de la FIA en Argentina, y la que expide la licencia internacional a Guerrieri para correr incluso en EE.UU. donde no se practica automovilismo FIA, el ACA no hizo una sola gestión para que alguien recibiera el proyecto de Guerrieri. Y porque aunque sea el ACA el ente “madre” del automovilismo en Argentina, salvo Potrero de los Funes, que fue creado para una fecha de FIA GT y no por el ACA para uso nacional, el resto de los nuevos autódromos que se han construido en nuestro país, se hicieron para que vaya el TC, por gestión de la ACTC con los gobiernos provinciales o locales. Termas, San Luís, Neuquén, Santa Rosa, y otros que sólo consiguieron su extensión para que pueda llegar el TC como Mendoza.
Y esto no es defender a la ACTC, sino discriminar entre lo que se hace bien y quién lo hace.
¿Qué muchos piensan que la ACTC limpia su imagen con ésta medida popular de apoyar a Guerrieri? Supongamos que sí, y que ante el presupuesto que tendrá de Automovilismo Para Todos y el reclamo popular del ambiente porque Guerrieri no estaba en ese plan oficial de apoyo al deporte motor, hayan decidido hacer un aporte por su propia cuenta para el argentino en EE.UU. ¿No es lo que queríamos?
¿Qué es política mezclada con el deporte? Si, seguramente. ¿Pero acaso no era eso lo que pedíamos? ¿Que el Estado apoye a un embajador de lujo en el exterior? ¿Entonces?
Lo único que se me ocurre pensar, es que siempre se le va a encontrar la quinta pata al gato, que cada vez que haya una necesidad le vamos a pedir al gobierno que apoye, y que cada vez que el gobierno decida apoyar, va a saltar alguien a decir que es una barbaridad que se gaste plata en estas cosas superfluas cuando hay necesidades sociales básicas insatisfechas.
¿O acaso no es lo que pasó desde que la Presidenta de la Nación anunció que estamos muy cerca de recuperar un GP de Fórmula Uno en un callejero en Mar del Plata? Así somos, yo prefiero escuchar las quejas por lo que hacen, y no el lamento por lo que todos queremos tener y no tenemos quién lo traiga.
miércoles, 7 de marzo de 2012
A LOS CORREDORES, NO HAY NADA QUE LES VENGA BIEN
No hay nada que les venga bien. Definitivamente ser Comisario Deportivo es más difícil de lo que yo creía. La experiencia fue breve, una carrera como CD y una como Director de la Prueba. ¿Qué diferencia hay entre una y otra función? El Comisario Deportivo evalúa el comportamiento de los pilotos en la pista. El Director de la Prueba, es el responsable de la pista, y no interviene en las maniobras.
Fueron dos Master de Pilotos. Carreras no oficiales, organizadas como parte de una fiesta o show de automovilismo, que sin embargo ponían en juego un automóvil 0km. de $100.000 para quién sumara la mayor cantidad de puntos. Durante 6 años de Master de Pilotos, no había pasado tanto como en estas dos carreras. Pasó de todo.
Como siempre, se les entregó a los pilotos un reglamento particular del evento, para que llegaran a la carrera sabiendo cuáles eran las reglas. Quizás alguno lo leyó, pero la mayoría no lo había hecho. Entonces, en la reunión de pilotos previa a clasificar, plantearon que el orden de salida a pista fuera inverso al resultado de los entrenamientos, cuando se sabía que era al revés. Y cuando vieron que no iba a ocurrir, alguno propuso que se evitara la clasificación, y largaran por sorteo. Evidentemente se estaban divirtiendo, todavía, el efecto 0km. no había empezado a influir.
Spataro se pasó en la largada de la serie de esa primera carrera y tocó a Silva, retrasándolo. Pero a las pocas vueltas, el propio Spataro se retrasó y quedó penúltimo en la serie. Sin embargo el reclamo del chaqueño fue fuerte, quería que no se le permitiera largar la final. Empezaba a sentirse el efecto 0km.
Entre ambas carreras, surgió la idea de penalizar a los tres primeros de la carrera 1 para la clasificación de la carrera 2. No era mucho, sólo 5 puestos, que dejarían en segunda fila de la serie a cualquiera de ellos si clasificaban adelante. Dos de ellos se quejaron y dijeron que si había penalizaciones, no corrían el Master 2. Naturalmente, como sólo era una idea para mezclar un poco más a todos en busca de un mejor espectáculo, no se aplicó y todo quedó igual. El efecto 0km. ya era evidente.
Y llegó la carrera de Almirante Brown. La revancha. La definición. Se contrató a un ex piloto con mucha experiencia, como Gabriel Furlan, como Comisario Deportivo. Se veía venir un clima tenso para la definición y era necesario el criterio de un profesional del volante para evaluar maniobras que pudieran ser determinantes.
Otra vez, después de los entrenamientos, varios pilotos plantearon que les parecía injusto salir a clasificar en el mismo orden en que se habían ordenado tras los entrenamientos. La pista, como todo semipermanente, se iba limpiando a medida que pasaban los karts y todos querían salir últimos a la clasificación para ir más rápido. Ya no se estaban divirtiendo. Cuando se consultó a todos si estaban de acuerdo en dar vuelta el orden de salida, saltaron los que se perjudicaban con el cambio, y entonces nada se cambió. Pero es notable el modo en que los pilotos presionan e insisten a la autoridad deportiva. Notable, se los aseguro.
En la clasificación, como Director de la Prueba, cometí un error de inexperiencia, al no darme cuenta que teniendo el cronometraje después de la salida de boxes, si no dejaba suficiente espacio entre quien venía lanzado en su vuelta rápida y quién salía a su vuelta de calentamiento, podían encontrarse en pista. El perjuicio que ocasionó mi error lo padecieron Matías Rossi y Mauro Giallombardo. Rossi se enocontró con Gastón Mazzacane a muy baja velocidad cuando estaba cerrando su vuelta rápida. Y Giallombardo se encontró con Rossi también. Gabriel Furlan se dio cuenta cuál era el error y me lo explicó. Rápidamente decidí darle a Rossi y Giallombardo la posibilidad de salir a clasificar. Pensé en darles la oportunidad al final, cuando todos hubieran terminado. Furlan me corrigió inmediatamente y me alertó que si hacía eso, les daría la ventaja de salir con la pista más engomada de lo que correspondía al momento original de cada uno. Tenía razón. Detuvimos la clasificación, fui a buscar a Rossi cuando estaba recién llegando a boxes, y tras disculparme por el error, que entendió inmediatamente, lo volví a llevar a la fila de salida a pista para que salga a clasificar nuevamente. Entonces apareció alguno a quejarse que Rossi tendría la posibilidad de clasificar con las gomas más calientes que el resto… Increíble, pero real. Se fijan en todo. Para colmo, Matías tuvo un problema con el embrague y su vuelta fue mala. Quedó atrás.
Giallombardo no me dio tiempo. Estaba enojadísimo también con haberse encontrado con un auto lento en su vuelta rápida, pero cuando le dije que salía otra vez, se subió y salió a clasificar también. El clima era tenso. Y todavía faltaban las carreras.
Vino la reunión de pilotos con Furlan, en la que se explicó que en las series no habría penalización en boxes durante la carrera porque eran muy cortas como para permitir que un penalizado pudiera recuperar puestos si quedaba último tras pasar por boxes. También se consultó si preferían largar haciendo la chicana previa al semáforo o evitarla y venir derecho por la pista como por ejemplo se hace en Nueve de Julio. A muchos les pareció lo mejor, para venir ordenados. A Juan Manuel Silva, que largaría desde la primera fila, le pareció mal, porque temía que viniendo en fila desde el inicio de la recta, de 110m. de extensión, los de atrás se adelantarían y se llevarían por delante a los de las primeras filas. Entonces se decidió, respetando la opinión de quien largaría delante de todos, que se transitaría por la chicana normalmente también en la vuelta previa.
La primera serie fue espectacular entre Norberto Fontana y Mauro Giallombardo, y pudo haber generado otra fuerte polémica por el toque de éste al arrecifeño en la última vuelta. Pero Mauro evitó un problema y tras dejar cruzado a Fontana, levantó y lo dejó pasar para que recupere el puesto, sobre la línea de llegada misma. Gran gesto de Giallombardo, que no sólo demostró que tenía espíritu deportivo, sino también la capacidad de reconocer un error y solucionarlo de inmediato. “Nos evitó un dolor de cabeza”, me dijo Furlan.
Pero entonces llegó la segunda serie. Rossi largando de atrás, con el potencial que todos le conocemos para subir rápido, en una pista trabada, con sólo un lugar claro de sobrepaso. En el comienzo, un primer toque que dejó al revés a Emiliano Spataro. Y tras un Pace Car por el despiste de Leo Pernía, que generó un enojo de Silva porque la serie serían más lenta que la anterior, la maniobra polémica de Rossi con Leonel Sotro en la entrada a la recta principal. La mecánica de la maniobra la juzgan todo, pero la decide el Comisario Deportivo.
La decisión de Furlan fue que Rossi lo había dejado sin pista a Sotro innecesariamente, y lo sancionó con 4 segundos por el toque a Spataro y otros 4 por el de Sotro. Ambos pilotos estaban muy enojados con Rossi por los toques. Furlan vio una y otra vez las cámaras en el móvil de TV, me participó de la evaluación, y aun cuando no pensaba igual que él respecto a la de Sotro, decidió esa sanción. Se tomó el tiempo suficiente y miró todas las cámaras que tenía a disposición. La imagen del helicóptero fue vital, y un acercamiento de zoom al volante de Rossi fue determinante. Aún así, yo le dije que la de Sotro no me parecía para sancionar, pero con el respeto que me merece su trayectoria profesional sobre autos de carrera, acompañé su opinión, y hasta me sentí un poco avergonzado de plantearle mi desacuerdo.
Cuando Rossi se enteró de la sanción que lo retrasaba al séptimo lugar, se fue del circuito y no corrió la final. Me sorprendió completamente, pero entendí el enojo, el 0km. ya era casi tan importante como correr por el título de Maestro que ya había ganado tres veces. Me dolió como organizador, porque el esfuerzo por hacer este evento es muy, pero muy grande. Para Almirante Brown yo trabajé 4 meses, cambiando la iluminación amarilla por luz blanca de alta intensidad en el circuito, construyendo pianitos para que los pilotos corrieran más seguros, asfaltando partes irregulares, construyendo una chicana con pianos abulonados al piso para que no se chocaran con un fardo de pasto, pintando los pianos de amarillo para que se vean mejor en la noche. Todo pensado para que los profesionales del volante se sintieran mejor atendidos, cuidados, protegidos, respetados. Yo sentí que con esa actitud, a Rossi no le importó nada de todo eso. Y me dolió porque así como Giallombardo vio su error y lo corrigió inmediatamente, Matías no lo hizo, y después no se bancó el castigo que le aplicó un par suyo, un piloto. Y más me dolió que Rossi fue siempre uno de los que ponderó el evento, y destacó la organización. Ganó tres Master y estaba feliz, se le complicó uno, el que tenía un 0km. de por medio, y tiró la toalla. Supongo que al público también le habrá decepcionado su reacción.
Y llegó la final. La tensa final que sabíamos que nos esperaba. La largada estuvo mal dada. Silva y Spataro se adelantaron al semáforo verde por la línea externa, entonces quedaron dos grupos. Los que iban por afuera mucho más rápido, y lo que estaban por adentro detrás de Fontana más lentos. En la curva 1 se apilaron todos y empezó el desbande. Si no hubiera ocurrido ese problema se hubiera neutralizado con banderas amarillas para volver a largar con el orden original de la grilla, pero ante tantos despistes, el orden se cambió completamente y sería imposible reacomodarlos en su puesto. No hay radio en los karts, sería imposible volver a a armar la grilla. La bandera roja fue la única medida razonable. Claro que a algunos pilotos le pareció mal.
Especialmente a Silva que era líder, aún sabiendo que se había adelantado, y a Pernía, que si bien largaba de atrás, era uno de los candidatos a ganarse el 0km. pero debía recuperar muchas posiciones. Al ver a Fontana en problemas en el amontonamiento de la curva 1, sus chances habían renacido otra vez. Entonces estaba furioso con la bandera roja porque Fontana volvería a largar adelante otra vez.
Era imposible explicar la situación. Desde debajo de los cascos, se escuchaban todo tipo de cosas, desde cuestionamientos hasta insultos. Yo entendí la calentura, no me gustaron algunas cosas que tuve que escuchar. Mientras con los banderilleros levantaba karts para ponerlos en sus grillas, sentía que me perseguían como mosquitos reclamando y reclamando. Sólo algunos se quedaron en su butaca esperando. Mauro Giallombardo tomó otra actitud. Se paró en medio de la grilla y a los gritos, siempre desde abajo del casco, les pedía a sus colegas que se calmaran, que tuvieran cuidado, que así se iban a lastimar. Su preocupación no era el enojo que escuchaba, sino la caótica largada que había vivido y el amontonamiento de la primera curva.
Llevó unos 5 minutos acomodarlos a todos para largar. En ese momento alcancé a pensar, “que lástima Rossi, mirá todo lo que pasó, hasta podría haber peleado por el 0km. si se quedaba”.
Y cuando se largó la carrera finalmente, apenas tardé una vuelta en comprobar que la decisión de Furlan sobre la sanción a Rossi con la maniobra de Sotro, había sido bien tomada. En la segunda pasada por la misma curva de aquella polémica maniobra, Fontana pasó limpiamente a Silva por el primer puesto, y Emiliano Spataro alcanzó a meter su kart por dentro también. Entonces Spataro por la cuerda y Silva por el exterior, transitaron toda esa curva a la par, golpeándose de costado, peleando el puesto, pero sin que Emiliano estrellara contra los fardos externos al Pato. Se podía hacer esa maniobra. Furlan había demostrado que un piloto sabe perfectamente qué maniobra se puede hacer y qué maniobra no. Me saqué el sombrero por su decisión en la serie, y por la nuestra de haberlo convocado para que fuera Comisario Deportivo.
Después terminó la carrera con la consagración de Fontana y el enojo final de Pernía, que aun habiendo recuperado desde el fondo y ser tercero, no quiso ir al podio. Estaba enojado por esa bandera roja y decidió irse a su casa. El efecto 0km había terminado siendo detonante de varias bombas…
Me quedó el sabor amargo de tantos enojos, de tanta intolerancia. Que haya un auto como premio no podía ser que desatara la furia de ese modo. Dos medidas justas, completamente justas, aunque difíciles de tomar, habían motivado una lluvia de críticas. Seguramente después, viendo la carrera puedan entenderlas. El lunes, en Ultima Vuelta, el propio Silva reconoció que se había adelantado en la largada. Me dio tranquilidad, pero me dejó el sabor amargo de tantos reproches.
Pensé qué lindo sería que en las carreras de los Campeonatos de TC, TC2000, TN o TRV6 se ponga en juego un premio así, un automóvil 0km de $100.000. Yo creía que a estos pilotos, que ganan mucho dinero por sus contratos anuales de esas categorías, no les movería demasiado un auto. Me gusta haberme equivocado. Me quedaron dos satisfacciones. La primera fue haber comprobado que con un buen premio, la motivación es muchísimo mayor que sólo por los puntos como es hoy en el automovilismo argentino. La segunda, que un ex piloto tiene una forma de ver las carreras notablemente más completa que la de un simple Comisario Deportivo. El aporte de un piloto a un colegio de Comisarios Deportivos, definitivamente sería un gran aporte para las carreras de autos.
Ahora, como periodista puedo ver con otra óptica el trabajo de las autoridades de una carrera. Creo que va a ser un aporte de gran valor para mí, y también, aprendí otra cosa importante: a la mayoría de los corredores, no hay nada que les venga bien.
lunes, 27 de febrero de 2012
UNA SANCIÓN DIFICIL DE ENTENDER Y EXPLICAR
Impartir justicia no siempre debe ser tan sencillo como pronunciar la idea. En la mayoría de los casos, aplicar una sanción ante un conflicto entre dos puede ser difícil, pero eventualmente, un error sólo perjudicará a uno. Aunque no debiera, es parte de lo que puede pasar. Sin embargo, hay casos en los que intentar ser justo con una persona, puede significar ser injusto con el resto, y ahí es donde se complica, porque la justicia es un derecho que le asiste a todos por igual.
Para no salir del ámbito automovilístico, cuando un piloto choca a otro, merece recibir la sanción correspondiente, lo mismo ocurre cuando no es un error sino una imprudencia. Ambas situaciones se miden como maniobra antideportiva y maniobra peligrosa.
Lo que siempre hay que tener en cuenta es que el evento deportivo en el que se está aplicando este tipo de sanciones a las faltas, es una competencia automovilística, una carrera de autos, en la que las acciones se desarrollan a alta velocidad la mayor parte del tiempo, y en la que perder el control es absolutamente posible. En esos casos se producen los acontecimientos denominados “accidentes”.
La exclusión parcial a Guillermo Ortelli, es cierto que está justificada en las normas como el caso en el que se perjudica a “otro competidor”, porque Diego Aventín quedó afuera de la serie en la primera curva, y por lo tanto afuera de la final automáticamente. De hecho, por ser cauteloso y responsable, Aventín forzó el trompo para evitar embestir a Ortelli, y eso lo perjudicó. Quizás, y sólo él lo sabe con certeza, podría haber intentado seguir, pero a riesgo de un impacto irresponsable como los que tanta tristeza le trajeron al automovilismo recientemente.
Sin embargo, Ortelli no hizo una maniobra peligrosa ni antideportiva, sólo cometió un error de apreciación al entrar en la chicana a la par con Omar Martínez con una línea de carrera que le impidió doblar bien, se rozó con el Ford, y en su intento por evitar “girarlo” y dejarlo cruzado en medio de la pista, terminó cruzándose él. Eso, acá y en la China, es un accidente, no una irresponsabilidad.
Hay tres casos que citar en el momento del análisis. El primero fue en 2009, en el autódromo de Río Cuarto. Mauro Giallombardo peleaba por pasar a otro competidor por el primer puesto de la carrera de TC Pista. En la curva de la tranquera, un amplio y velocísimo curvón a la izquierda, intentó por afuera. Casi lo consigue, pero en los últimos instantes de la superación, perdió el control del tren trasero y se “enroscó” en trompo.
Al quedar en el medio de la pista fue esquivado por varios pilotos, algunos de los cuales se despistó y abandonó. El efecto carambola típico de un accidente de carreras en medio de un pelotón. Lo excluyeron a Giallombardo, algo que nadie entendió, pero pareció un penal mal cobrado. Un error. De hecho, no se volvió a repetir en los siguientes dos años y medio.
Lewis Hamilton hizo un trompo en el Gran Premio de Hungría del año pasado, al entrar pasado en la primera chicana del Hungaroring. Quedó en medio de la pista atravesado, pero en su desesperación por volver a la carrera, no esperó que pasen todos quienes venían por el sector, y aceleró furiosamente su McLaren para provocar un medio trompo y quedar nuevamente en el sentido de la carrera. Venía Paul Di Resta, que al encontrarse con Hamilton acelerando hacia el sitio por el que pensaba pasar él, tuvo que esquivar hacia atrás del McLaren, golpeándose contra el guard-rail exterior. Hamilton fue sancionado, pero no por hacer un trompo y querer volver, sino por hacerlo irresponsablemente cuando un colega se aprestaba a pasar por el lugar al que se dirigió. Se entiende la diferencia?
Guillermo Ortelli no hizo una maniobra irresponsable para regresar a la pista sin importarle quién viniera detrás. Ortelli “se llevó” a Diego Aventín en la maniobra propia de despiste suya. Fuera de control. Es una diferencia notable.
La sanción a Ortelli fue dejarlo sin la posibilidad de largar final. ¿Qué hubiera pasado si la maniobra se producía en la final y no en la serie? ¿Qué sanción le hubieran aplicado? ¿Suspensión para la siguiente carrera? Quedar sin posibilidades deportivas en la propia carrera en cuestión es una sanción que el piloto mismo se genera.
Pero si la idea aplicada ayer por los Comisarios Deportivos es tan poco tolerante con las consecuencias de un accidente, y la sanción es la que padeció Ortelli, vale preguntarse entonces por qué Leonel Larrauri no fue sancionado por cometer un error en Balcarce, y generar que por esquivarlo, se accidente Guido Falaschi. Este es el tercer caso en cuestión.
Quizás a Larrauri se le puede reclamar que no se haya corrido antes, que no haya frenado en un lugar más seguro, pero no se lo puede acusar del error de conducción que cometió y por el cuál se desencadenó todo. Aun así, y sin tener nada que perder deportivamente como tenía Ortelli que en su maniobra peleaba por el primer puesto, a Larrauri no se lo sancionó a futuro de ningún modo. ¿Entonces?
Volvemos al comienzo. Es difícil impartir justicia para uno sin ser injusto con todos los demás. ¿Quién asegura ahora que ésta misma situación se vuelva a medir del mismo modo siempre y con todos los pilotos?
El refranero popular dice que no hay que ser “más papista que el papa”, y ayer en Mar de Ajó, parece lo fueron.
martes, 21 de febrero de 2012
TODOS TENEMOS ALGO PARA HACER
La sensación que queda al escuchar a Esteban Guerrieri relatar cómo vivió y sigue viviendo las horas decisivas para su futuro en el automovilismo internacional, causan, al menosa quien escribe, una enorme indignación.
“Perdí tiempo esperando una respuesta y después parece ser que la persona que se había comprometido a llevar el proyecto a las más altas esferas del gobierno, por alguna razón no lo consiguió. Entonces, ya sin tiempo, a comienzos de febrero decidí ir sólo a la Secrtetaría de Turismo de la Nación. Me recibió una mujer que a quien le derivaron el tema. Tuve que empezar de cero. Le expliqué el proyecto, la idea de correr en IndyCar con la marca País, y le expliqué que no había demasiado tiempo, que tenía sólo quince días. Me prometió una respuesta. Pasaron los quince días y no tuve respuesta alguna. Decidí ir por mi cuenta, pero no logré hablar con nadie que me diga en qué estado había quedado lo que le presenté. Siento angustia y mucho stress. Ahora, a 20 días del comienzo del campeonato, tengo que salir a pedir prácticamente a los gritos que alguien me apoye para correr en IndyLights. Si no me voy a ver obligado a tomar otro tipo de decisión.”
Estas palabras de Esteban Guerrieri, resumen lo que ha vivido desde noviembre a la fecha. Esperas, esperas y más esperas. Nunca una respuesta, ni siquiera negativa, como para saber que esa puerta no se va a abrir.
La indignación viene de la falta de interés de los entes que deberían tenerlo, como el Automóvil Club Argentino, a quién ni siquiera se le pide que haga el desembolso del dinero, sino que apadrine un programa, que le de forma corporativa al proyecto, que se involucre para generar contactos oficialmente. No se trata de hacer historia porque hoy lo urgente es encontrar la salida para que Guerrieri regrese a EE.UU y se suba a un auto para la apertura del campeonato en las calles de St. Petersburg el 25 de marzo, pero si no tomamos conciencia de cuál es la situación real, no avanzaremos.
El Gobierno Argentino confió a finales de 2009 en el proyecto USF1, que impulsaba a José María López a la F1 para 2010. El nivel de compromiso fue tal, que un 26 de enero, en Casa Rosada, la propia Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, anunció el programa, con el propio “Pechito” López y el inglés Peter Windsor presentes. La estafa del equipo americano dejó la credibilidad de este tipo de emprendimientos por el piso en el Gobierno, y es natural que así sea. No conocen el deporte motor, no saben la diferencia entre un equipo de F1 y uno de IndyCar, casi no deben distinguir las diferencias entre ambas categorías. La única manera de cambiar la historia, es que una institución seria, sólida, centenaria, como el Automóvil Club Argentino, sea la que avale un proyecto. Esa es la parte de la historia que nos debe importar ahora. Ya habrá tiempo para profundizar en detalles. Ahora hay que actuar.
Hoy necesita unos u$s 150.000 para sustentarse un año más en IndyLights en el mismo equipo con el que peleó por el título en 2012, según confió Johnn Della Penna, el argentino que lo está ayudando en EE.UU. y que le hizo y mantiene los contactos con equipos de IndyCar.
Juan Manuel Silva propuso en TV el lunes 20 de febrero, que los pilotos referentes, dejen de hablar y se pongan a trabajar. Invitó a Spataro, Fontana, Ortelli y Martínez a participar. La idea del chaqueño es juntarse, tirar ideas, generar reuniones con los Presidente del ACA, ACTC y con el Ministro de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, para generar un programa de acción que permita conseguir los fondos, no sólo para Guerrieri, que es quién hoy lo necesita con urgencia, sino de los que vendrán después.
Mientras tanto, a partir de la convocatoria de Silva, aparecieron muchas otras ideas. Todas de gente del ambiente automovilístico. Hay una idea de hacer eventos con los pilotos que deseen colaborar, desde una maratón televisiva para recaudar fondos con donaciones, pasando por sponsor days con los mismos protagonistas, hasta subastas de artículos de colección de corredores referentes en un evento solidario.
También alguien propuso que se destinen $ 5 de cada entrada general de cada carrera nacional de toda la temporada, para generar un fondo de promoción del automovilismo argentino en el exterior.
Y por otro lado llegó la idea de proponer a las categorías que incluyan en la inscripción de cada piloto, en cada fin de semana de carreras nacionales, u$s 50 para ese mismo fondo de promoción.
Algunos medios de comunicación han cedido espacios publicitarios para que Guerrieri pueda comercializarlos o sumarlos a las empresas que eventualmente decidan apoyarlo y darles más retorno publicitario.
La gente sigue insistiendo en abrir una cuenta bancaria en la que cada argentino que pueda y desee hacerlo, aporte su donación de dinero.
Lo único que falta es que una institución seria y emblemática se despierte, se arremangue y decidida a trabajar, se involucre. Tomar el proyecto y asumir el compromiso de presentarlo a las empresas líderes de Argentina, y al estado mismo, con un plan, con un objetivo. Llevar a un deportista argentino de elite a representarnos al más alto nivel en el mundo a través del deporte, que es la más sana de las representaciones para una marca, cualquiera sea, incluso la de un país.
Podrían ser varias las instituciones. No necesariamente una. Podría ser una categoría como Top Race lo intentó con Pechito López. Podría ser una Asociación como la ACTC lo hizo con Gastón Mazzacane. Podría ser también, por qué no, la Asociación Argentina de Volantes, entidad que cuenta con una trayectoria intachable y es ejemplo en el automovilismo deportivo, pero debería ser el Automóvil Club Argentino, el delegado del poder deportivo dela Federación Internacional del Automóvil en nuestro país, nada menos, el que se haga cargo de esta frustración nacional por falta de compromiso que estamos padeciendo.
Hay mucha gente dispuesta a trabajar, a aportar, desde pilotos hasta el mismo público. Incluso con un programa serio, muchas empresas harían aportes, pero falta la fuerza de una institución que reúna a todos, lo organice y de garantías de seriedad para que trascienda en el tiempo. Hay que dar el primer paso, si lo damos muchos individualmente no se logrará nada serio, se necesita un plan, un cerebro, un organizador, un conductor. La respuesta será notable, con toda seguridad. Ojalá podamos hacerlo entre todos. Sería un gran paso si se hace, y sería una vergüenza si no somos capaces de lograrlo.
sábado, 18 de febrero de 2012
¿POR QUÉ ES AUTOMOVILÍSMO PARA TODOS?
No se han conocido los detalles aún del denominado Automovilismo Para Todos, sólo se ha firmado el decreto y éste domingo se pondrá en marcha la primera carrera del año, que será TC Mouras en La Plata, y se transmitirá por la TV Pública.
Habrá un anuncio en las próximas horas, el miércoles después de las 14, en el que se estima que podrán conocerse más detalles de un programa que al menos tendrá cuatro años para desarrollarse.
¿Qué alcances tendrá? ¿Hasta dónde llegará la expansión? ¿Qué otros beneficios podrán apreciarse para la actividad o para los aficionados? Todas son preguntas sin respuestas.
A lo largo de dos semanas se han escuchado todo tipo de versiones, especulaciones y opiniones. Desde cosas criteriosas, pasando por reclamos “por las dudas”, hasta acusaciones llenas de indignación y odio.
¿Qué significa “Para Todos”? Es una de las preguntas que todos se hacen. La mayoría opina que para ser realmente “Para Todos”, debería verse en un televisor convencional, sin necesidad de tener suscripción al cable. Entonces, cómo buena parte del territorio nacional no cuenta con esa posibilidad física de conseguirlo, empieza el cuestionamiento.
Seguramente sería ideal que así fuera, y aunque hoy no lo es, quizás termine ocurriendo de algún modo. Pero el concepto de “Para Todos”, también podría ser considerado desde el punto de vista de no ser “Para Uno sólo”. ¿Se entiende?
Hasta el año pasado, sólo la TV oficial del automovilismo tenía acceso a tomar imágenes, y a emitirlas con prioridad y exclusividad. El resto de los medios televisivos debía remitirse a emitir un compacto oficial de tres minutos, editados según un criterio bastante cuestionable, o bien grabar imágenes de aire y editarlas a gusto, pero luego coleccionar cartas documento de los “dueños” de los derechos.
No es por hacer historia, porque ya pasó. Lo que sí vale tomar de aquella situación es que había exclusividad, y por lo tanto el alcance de la difusión era limitado a esa exclusividad. Era masivo, si. Pero no dejaba de tener un límite determinado. El concepto de “Para Todos”, tiene en sí misma la posibilidad de generar libertad a los medios, y eso se trasladará a sus televidentes. Entonces, si eso se logra, será “Para Todos”.
Después habrá otros pasos que se podrán dar a lo largo de los próximos cuatro años.
Técnicamente se deberían dar la concreción del canal de deportes oficial gratuito y la expansión de la TDT Televisión Digital Terrestre, que planea llevar la señal de la TV Pública por aire a todo el territorio nacional a través de un decodificador que se coloca en cada hogar.
En el automovilismo en sí, a futuro se podrían ver los efectos en distintos aspectos, desde el precio de las entradas, o un beneficio económico a través de una escala de premios para los deportistas, hasta una diferente distribución de las recaudaciones para que los autódromos puedan comprometerse a inversiones en infraestructura, que mejoren las comodidades para los espectadores, y por supuesto las medidas de seguridad para los participantes. Y por qué no soñar con un programa de proyección de jóvenes pilotos al exterior con una política de mediano y largo plazo, para que no queden más casos como el de Esteban Guerrieri, esperando en la vereda de un Ministerio por una respuesta oficial que no llega en tiempo y forma.
Pero hay algo que va a cambiar seguramente y quizás no se ha dimensionado aún. El automovilismo ya no será un deporte que se autoregule independientemente, no importa si vía ACA-FIA o ACTC, porque el supuesto poder del ACA no se ve en la práctica. La llegada del Estado Nacional al automovilismo involucra oficialmente al gobierno del país en éste deporte, y eso lo transforma en una actividad con visos de “oficial”, con lo que ello representa. El Gobierno tendrá derechos a ejercer como garantizar el acceso de todos al automovilismo, pero también tendrá obligaciones que cumplir, y sobretodo, responsabilidades que asumir como parte misma de éste deporte. Y eso, aunque hoy no parezca tan importante, es lo más importante de todo. El automovilismo podrá ser masivo, no es cierto que pasó de un monopolio privado a un monopolio oficial. Porque el monopolio oficial es de los ciudadanos.
El tiempo dirá si el 17 de febrero de 2012, empezó o no un nuevo capítulo que modifique el rumbo del automovilismo argentino. Por las dudas, vale preguntarse si no era necesario un cambio con todo lo que pasó en 2011, y que no sólo fue la trágica muerte de Guido Falaschi en Balcarce, sino una gran cantidad de irregularidades y situaciones caóticas que se sufrieron desde que comenzó el año, y que parecían predestinadas a terminar con una gran tristeza para todos.
El “Automovilismo Para Todos” tiene la oportunidad de cambiar las cosas. Yo creo que la van a saber aprovechar. Ojalá.
domingo, 29 de enero de 2012
¿NOS VAMOS A QUEDAR SENTADOS MIRANDO?
Llegó el día y el teléfono no sonó. Este lunes 30 de enero, Esteban Guerrieri debía presentarse en Sebring con la certeza del aval económico que le garantizara firmar un precontrato para correr en IndyCar para el KV Racing Tecnology en la temporada 2012. El apoyo económico que el argentino esperaba del gobierno nacional no apareció. Quizás llegue, de algún modo, con retraso, con alguna diferencia. Quizás llega y sirve para dar continuidad en IndyLights. Quizás no llega tampoco, y Guerrieri deba seguir empujando por su propia cuenta.
Los tiempos que se manejan no son los mismos. Las decisiones políticas quizás necesitan más gestión, más tiempo. Las circunstancias quizás no fueron las más convenientes. Una larga licencia de la Presidenta de la nación y un movimiento muy grande en torno al automovilismo argentino para que las principales carreras, o parte de ellas, sean televisadas por la TV Pública en 2012, probablemente dejaron como segunda prioridad la evaluación de un apoyo oficial a Guerrieri.
Es parte de lo que puede pasar. Incluso el fallido proyecto de José María López con el equipo USF1, que nunca cumplió su compromiso con la primera mandataria argentina asumido en Casa Rosada exactamente dos años atrás, no deben haber ayudado.
Se puede abandonar todo o seguir insistiendo. El apoyo puede llegar. El gobierno actual ha demostrado un interés especial por el deporte motor. El Dakar desde 2009, aquel apoyo a “Pechito” López, la fecha por el Mundial de Moto GP desde 2013, son pruebas de ello.
Íntimamente, Esteban Guerrieri debe sentir una enorme desilusión. Llegar a probarse la butaca, conocer el equipo, hablar de la fecha para probar, presenciar los ensayos de Tony Kannan, le generaron una enorme expectativa.
Si primer año en el automovilismo norteamericano fue brillante. Debutó con seis Pole Position, tres victorias y el subcampeonato. Nadie puede negar su talento. El salto a IndyCar era el sueño perfecto cumplido, naturalmente, pero no llegar no debe ser el fin del mundo.
De grandes obstáculos muchas veces han surgido grandes oportunidades. Quizás la opción de seguir en IndyLights con Sam Schmidt sea buena, pero también puede serlo incorporarse al equipo del argentino Ricardo Juncos, que ha brillado en la Fórmula Star Mazda ganando el título con Conor Daly en 2010, y que ha dado el salto a IndyLights y tiene a uno de los ingenieros más reconocidos en IndyCar como Jefe de equipo.
Pero por otro lado, Guerrieri es un ser humano y tiene una vida que resolver en otros aspectos con 26 años. Aunque corra sin poner plata, necesita apoyo para vivir, para viajar, para mantenerse, hasta para formar un hogar. El esfuerzo lo hizo tantos años que probablemente este cansado de seguir intentándolo y siempre golpearse con la realidad del apoyo “cero”.
Puede pensar en venirse a Argentina y correr en un equipo oficial en TC2000, sí, claro que puede. Pero sería desarmar todo lo hecho y acomodarse.
Guerrieri, además de talento y experiencia, todavía tiene hambre. Aunque tenga el impulso de bajarse de los aviones internacionales y cambiarlos por viajar en auto a las carreras dentro de Argentina, tiene un serio problema que enfrentar: su lucha interior. Si un piloto está listo y maduro para correr en IndyCar, no está listo para bajar de 330km/h a 200 km/h. No puede estarlo. El león que tiene adentro todavía necesita la velocidad y adrenalina que el automovilismo internacional le da.
Argentina tiene la oportunidad de regresar a lo más alto del automovilismo mundial a través suyo. Hay que insistir, buscarle la vuelta. Parece increíble que nadie se mueva, que nadie lo vea. ¿Qué está haciendo el Automóvil Club Argentino? ¿Para qué le sirve el “poder deportivo delegado de la FIA en Argentina” si sólo es un cuadrito colgado en la pared?
Nadie le pide al ACA que ponga el dinero, eso ya se sabe que no va a ocurrir, pero tomar el proyecto como propio, trabajar oficialmente en el mismo, establecer contactos a los más altos niveles posibles, es algo que una institución como en ACA podría hacer con la certeza de llegar a destino, y un piloto solo no puede.
El año pasado hubo dos accidentes fatales en Argentina que deberían haber sacudido los cimientos del edificio de Av. Libertador 1850. De hecho, los sacudieron. Sólo ellos saben cuánto, y qué cambios son capaces de hacer para evitar que esas cosas pasen cuando ya no deberían pasar. Otra vez lo mismo. Ante la adversidad, una oportunidad. El cambio es posible si se toma seriamente. El cambio profundo y estructural.
Si Jorge Rosales, Presidente del ACA, toma el tema “automovilismo deportivo” con la responsabilidad de saber que en sus manos está la opción de cambio, de crecimiento y de futuro, todo puede pasar.
Esteban Guerrieri necesita que alguien tome esta oportunidad como un proyecto que no sólo lo impulse definitivamente, sino que forme un camino para otros. Si seguimos dejando que vayan solos y se las arreglen, seguiremos llenos de frustración.
Es momento de reaccionar y hacerse cargo del rol que cada uno cumple. Es tiempo de crecer y madurar. Da bronca escribirlo.
miércoles, 25 de enero de 2012
LO QUE DEBERÍAN SABER, QUIENES PUEDEN APOYAR A GUERRIERI
Esteban Guerrieri vive horas decisivas. Si no consigue el apoyo económico para firmar contrato con KV Racing en los próximos días, su proyecto de dar el salto de IndyLights a IndyCar quedará en eso, un proyecto. Será otra frustración para él, pero también lo será para el automovilismo argentino en general, que no ha conseguido proyectar pilotos al más alto nivel mundial a pesar del enorme talento que tengan, y sostenerlos en el tiempo. El último fue Carlos Alberto Reutemann entre 1969 y 1981.
Pero el problema, que ya es recurrente y cansador para todos, debería mirarse tal vez desde una óptica distinta, y entonces, sólo entonces, quizás se podría empezar a generar el cambio que devuelva a nuestro país a ese sitio de reconocimiento internacional del que todavía vivimos gracias a Juan Manuel Fango, Froilán González y el propio Reutemann.
El problema, veámoslo de una vez por todas, es el objetivo que se persigue. La Fórmula Uno es absolutamente inalcanzable, duele escribirlo, duele pensarlo, duele asumirlo. El mercado al que se debe apuntar es Estados Unidos, en principio por la más simple de las cuestiones, el dinero, pero después, porque todo en el automovilismo americano es diferente y accesible.
Mientras en Fórmula Uno, un equipo necesita 300 millones de dólares para una temporada, en IndyCar se necesitan como mucho 30. Pero más allá de ese detalle tan ínfimo (increíble diría yo), el mercado americano devuelve parte de ese presupuesto con creces, potencia el negocio, paga premios en dinero, permite cierta paridad… da oportunidades.
José María López necesitaba los famosos u$s 8.000.000 que consiguió, para correr con un auto que, de existir, hubiera peleado por no ser el último de la grilla en cada Gran Premio de Fórmula Uno.
Esteban Guerrieri necesita u$s 5.000.000 pero para subir a un auto que técnicamente puede estar entre el 10mo. y el 20mo. puesto, y potencialmente más arriba aún. Sólo la experiencia con los chasis nuevos que nadie conoce aún con profundidad, lo rápido que se puedan adaptar sus técnicos a la puesta a punto ideal, y lo capaz que sea el piloto de interpretarlo, son las limitantes para que pueda pensar en mejorar del décimo en alguna carrera. La capacidad y la experiencia, Guerrieri las tiene, necesita la posibilidad.
Pero por si hiciera falta agregar algo más, para que se entienda que no sólo se trata de apoyar a un deportista de elite para que sea un embajador en el mundo, sino que se esa inversión además paga dividendos económicos concretos, tangibles y cuantificables, hay que explicarle a quienes tienen la posibilidad de hacerlo, que invertir en IndyCar tiene también la incomparable posibilidad incluida de correr Indy 500, la carrera de autos más antigua del mundo, la única que se corre hace 100 años, el evento deportivo que más espectadores nuclea en un solo lugar en todo el globo.
Para tener una idea de lo que es Indy 500, las cifras hablan solas. La carrera lleva un mes de preparación desde que comienzan los entrenamientos hasta el día de la carrera. En ese mes, pasan por el circuito de Indianápolis 2.500.000 de espectadores, que no sólo presencian los ensayos, y las clasificatorias que eliminan el excedente de autos que se inscriben para definir los 33 que largarán, sino que además consumen merchandising de los pilotos. Y vale repetirlo, son 2.500.000 de personas que consumen IndyCar en un mes. ¿Se dan cuenta lo que significa?
Durante ese mes, se emiten 20 horas de televisión a todo el mundo, y el día de la carrera, asisten nada más ni nada menos que 450.000 espectadores a las gradas. Ningún otro evento deportivo en el mundo lo puede igualar.
Las 500 Millas de Indianápolis son además, el evento de mayor extensión de tiempo que se desarrolla en un mismo día entre todos los deportes en todo el mundo, y que se transmite por TV a 100 países en directo de principio a fin.
Sólo en Estados Unidos, las 500 Millas se ven en 4.800.000 hogares, no personas, sino hogares, y el retorno publicitario directo de acuerdo a la cantidad de segundos de primeros planos de TV en los que se pueden leer las marcas que patrocinan los autos de la punta de la carrera, han sido reportados oficialmente en unos u$s 8.000.000 para las últimas ediciones de la competencia.
La tecnología colaboró mucho para que esto ocurra. La impresión de imagen, el modo en que se denomina a la percepción del espectador de una marca en una pantalla de TV, creció un 56% gracias a las cámaras on board en las carreras de IndyCar, compensando el problema que un monoposto siempre causó para sus sponsors por tener una menor superficie en la que colocar las marcas.
Estar presente en Indy 500 para algunas marcas es tan importante, que justifica la inversión completa de su presupuesto en un equipo para toda la temporada. Ganar esa carrera es tan trascendente que tras 20 años de ausencia, Firestone que invirtió u$s 30.000.000 en desarrollo de neumáticos para entrar a IndyCar con la sola finalidad de ganarle a GoodYear las 500 Millas de 1995.
Mientras seguimos pensando en la Fórmula Uno porque la mística así lo demanda, todos los pilotos brasileños que entendieron que el negocio no funcionaba en Europa porque Ayrton Senna había sólo uno, se fueron a IndyCar. Helio Castro Neves, por ganar tres veces las 500 Millas de Indianápolis solamente, ganó en la última oportunidad, en 2009, nada menos que u$s 12.000.000. Desde Emerson Fittipaldi, pasando por Nelson Piquet o Mauricio Gugelmin, y terminando con Castro Neves y Tony Kanaan, todos entendieron que ese era el camino.
A pesar de haberse ausentado varios años, la propia Fórmula Uno está reinstalando dos Gran Premio en Estados Unidos otra vez. Ferrari vende más autos en Estados Unidos que en ningún otro lugar del mundo. Y por si algo faltara, Europa está en crisis con la economía resentida. El automovilismo deberá cambiar sí o sí, y en Estados Unidos ya cambió.
Tenemos otra magnífica razón. Argentina es codiciada como destino turístico, y como proveedora de alimentos a nivel mundial. Es un prestigio que no hace falta alimentar. Existe. Poner la marca Argentina en el máximo nivel del automovilismo norteamericano es llevarla al verdadero mercado de consumo que lo va a apreciar, que le va a prestar atención, que lo va a consumir. Los pilotos americanos no son carismáticos, los latinos sí, y más allá de tener una comunidad latina enorme, el americano se hace fanático de los carismáticos rápidamente.
En el "Parade" previo a cada carrera de IndyCar, una formal presentación de los pilotos delante del público, las mayores ovaciones se las han llevado siempre los brasileños, de hecho, Helio Castro Neves inventó la curiosa forma de festejar trepando como el hombre araña al tejido de la recta principal, como una devolución al público que se enfervorizaba con sus victorias. Todo eso se traduce en venta de merchandising. El negocio es otro. El futuro parece estar ahí, y no más en Europa.
Quizás, lo que está pasado es que los argentinos tenemos que dejar de mirar para el viejo continente. Europa es caro, inalcanzablemente caro, y la Fórmula Uno ya es más que un sueño, una pesadilla. Seguirá siendo siempre la más maravillosa, mística y añorada, pero que la melancolía no nos gane.
Estados Unidos está al alcance de la mano. Esteban Guerrieri está parado en la puerta y necesita el empujón para entrar. Si entra, se queda. El sistema lo adoptará. La escalera es posible.
Hay un argentino, Ricardo Juncos, que se fue en el año 2003, cansado de intentar sin éxito, vivir con su equipo de automovilismo en nuestro país. Empezó de abajo, con los karts. Ganó 19 campeonatos regionales y nacionales en Estados Unidos. Pegó el salto a la Star Mazda, categoría de monopostos inferior a IndyLights. En su primer año fue subcampeón y en el segundo ganó cómodamente el título con Conor Daly. Para 2012 subió otro escalón más y armó su propio equipo de Indy Lights.
Juncos dice que con u$s 450.000, el mismo presupuesto con el que un joven piloto de 20 años se sube a un TC2000 en Argentina, se corre un campeonato completo de Star Mazda, y si lo gana, tiene casi la mitad del presupuesto en premios para saltar a la categoría siguiente. Su equipo está completo, tiene llamados de pilotos brasileños, y hasta un acuerdo para llevar pilotos de Chile a iniciarse en el automovilismo americano. Ningún argentino. ¿Quieren ver más? www.juncosracing.com
Si Esteban Guerrieri consigue entrar en IndyCar será el sueño cumplido, pero si no entra, se tiene que quedar en IndyLights un año más. Tiene todo para ser campeón y si lo logra, tendrá más experiencia, más fama, más reconocimiento popular y sobre todo, u$s 2.500.000 para saltar a IndyCar como premio por su título.
¿Qué se le pasa la edad? No, para nada. Darío Franchitti tiene 38 años, Esteban 26. Para venir a correr en Argentina en TC2000 tiene mucho tiempo. Ojalá no haga falta que lo tenga que pensar, pero si así fuera, volverse quizás sería lo peor que le podría pasar a su carrera deportiva, y seguramente será lo peor para el automovilismo argentino de exportación. La puerta está abierta, ojalá no se cierre.
Nota: Las cifras publicadas en el artículo son oficiales de investigaciones privadas y oficiales de IndyCar, consultadas y chequeadas en varias publicaciones. La foto que acompaña la nota, es una simulación del Hospitality que podría tener el KV Racing de IndyCar en 2012 con Guerrieri como piloto.
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